sábado, 15 de agosto de 2026

Ante la Solemnidad de la Asuncion de la Virgen

Hoy sábado celebramos la solemnidad de la Asunción de la Virgen, una de las fiestas más populares, que tiene su eco en muchos pueblos y ciudades de España. Las solemnidades son las fiestas de mayor importancia de todo el año cristiano, siendo el Triduo Pascual, las celebraciones del Jueves Santo, Viernes Santo y Vigilia Pascual, el centro del año litúrgico, el centro de nuestra fe. Como dice San Pablo «Si Cristo no hubiera resucitado, vana es nuestra predicación y vana es nuestra fe» (1 Cir. 15, 14). Las solemnidades tienen un primer bloque donde se celebran los principales misterios de la vida de Cristo, además de la Semana Santa, la Navidad también cuenta con importantes solemnidad, además de otras distribuidas por el año litúrgico. También hay cuatro solemnidades dedicadas a la Virgen María y otras solemnidades en las que se recuerdan a los principales santos que se encontraron con Jesús, por ejemplo, las dedicadas a San Pedro y San Pablo, además de Santiago en nuestro país. 

Me quiero centrar en la celebración del 15 de agosto, citando las cuatro solemnidades que tienen como protagonista a la Virgen María. Como veremos a continuación, las cuatro tienen en común misterios de la vida de María, en relación con su Hijo. Jesús es el centro de nuestra fe y toda la vida de la Iglesia, desde los primeros años hasta la vuelta gloriosa, tienen como protagonista a la segunda persona de la Santísima Trinidad. La primera solemnidad que nos encontramos en el año tiene lugar el 1 de enero, el primer día del año la Iglesia celebra a María como Madre de Dios. Siguiendo el calendario, la siguiente es la Anunciación, que se celebra el 25 de marzo, nueve meses antes que la Navidad, salvo en los casos en los que este día cae en Semana Santa o la Octavo de Pascua (la semana completa entre el Domingo de Resurrección y el II Domingo de Pascua), que pasa a celebrarse el lunes siguiente a la Octava de Pascua. La última, es la Inmaculada Concepción, que se celebra en Adviento, el 8 de diciembre. Como vemos, estos tres misterios tienen que ver con la maternidad de María.

La fiesta que celebramos hoy tiene un trasfondo diferente, teniendo en cuenta que la Ascensión de María no sería entendible si no fuera la Madre de Jesucristo.  Dios quiso que la madre de Nuestro Señor no pasara por la muerte, sino que fuese elevada a los cielos en cuerpo y alma. Se trata de una festividad que no tiene siquiera un año en la vida de la Iglesia, pues este dogma de fe fue promulgado por el Papa Pio XII a partir de 1950. Se trata de un misterio que viene desde los tiempos de los apóstoles. Los que hemos tenido la suerte de visitar Tierra Santa, hemos visto cerca de Getsemaní la Abadía de la Dormición de la Virgen María, por lo que ya los primeros cristianos veneraban la imagen de la Virgen María como fundamento del comienzo de la Iglesia.

El Evangelio que se proclama en esta fiesta está tomado del primer capítulo del Evangelio de Lucas (1, 39-56), en los que se relata la Visitación de María a su prima Isabel, que la alaba sobre todas las criaturas por ser la Madre de Dios. Igualmente, este pasaje evangélico recoge la oración conocida como Magnificat, donde la Virgen proclama su grandeza por ser la Madre del Señor. La Iglesia nos presenta la Virgen María, desde la humildad, en su papel de madre y primera discípula. Nunca ha querido tomar el protagonismo, sabe que su figura es un elemento importante, pero visto siempre desde Jesucristo. No se puede entender ninguno de los misterios de la Virgen sin la intervención de Dios, que la eligió sobre toda mujer para ser la Madre de su Hijo.

Pidamos, pues, a la Madre del cielo, que interceda por nosotros ante su Hijo y sea para nosotros ejemplo de humildad, entrega y servicio a la Iglesia, a imitación de lo que ella hizo en la tierra.


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