El Mundial de fútbol que acaba de concluir, con la victoria de nuestra selección, ha sido un mundial donde los testimonios y expresiones de fe han sido una constante entre jugadores y entrenadores de distintas selecciones, de diferentes partes del mundo. En mi perfil de instagram he ido subiendo algunas de ellas que me han resultado interesantes. Estamos en un mundo donde tienden a relegar la fe, especialmente la católica a lo privado. En algunos ámbitos de la sociedad no está bien visto ser cristiano, te estigmatizan por ello, te señalan como el "rarito". Por eso, quiero destacar todo lo que he visto en este campeonato, para que sea un reflejo que pueda llegar a la sociedad. Especialmente es complicado en el mundo de los adolescentes y los jóvenes, el campo de la parroquia donde me muevo. El hecho de que personas con miles y millones de seguidores estén dando el paso, me parece un ejemplo que se debe valorar y llevar a la sociedad. Recuerdo en el Mundial a jugadores de los dos equipos, después de un partido, como se reunían en un corro a rezar, unos habían ganado y otros perdido, pero tenían claro que tenían que agradecer al Creador por estar allí, comparten mucho más de lo que les separa. También recuerdo a los integrantes de la selección de México, como se paraban delante de la Virgen de Guadalupe que había en un pequeño altar del estadio Azteca, para encomendar su esfuerzo a la Madre del Cielo.
En esta reflexión me quiero centrar en una palabras del futbolista español Ferran Torres: «Si Dios no te da las cosas cuando pides, es porque tiene algo mejor para tí». El jugador había sido objeto de burlas y críticas de los aficionados, entre los que me incluyo, por fallar goles aparentemente sencillos desde el sofá. Pero él siguió perseverando, creyendo en su trabajo y fue recompensado con la mayor de las glorias que puede tener un futbolista, marcar el gol que hacía a su selección campeona del mundo. Es una frase que puedo aplicar perfectamente a mi vida, muchas veces me siento frustrado porque no consigo lo que me propongo en catequesis o con los jóvenes. Recuerdo como la Escritura nos presenta el libro de Job, muchas veces me he sentido identificado con este personaje. No entiendo porque tratando de hacer el bien no consigo nada y veo a mi alrededor a auténticos "jetas" que tienen una vida aparentemente maravillosa.
En este momento estoy viendo como el trabajo de tantos años está siendo recompensado con un grupo de adolescentes y jóvenes que me ha llevado a ir todos los viernes a la parroquia, cansado tras el trabajo, pero alegre porque me voy a encontrar con un grupo vivo. Recuerdo como hace tres años, en una conversación con varios sacerdotes, uno de ellos decía que no sabía a qué iba a llegar el trabajo con este grupo, pero que mientras estos chicos y chicas estuvieran en la parroquia los viernes por la noche, estarían alejados de peligros como el botellón, tan habitual entre la juventud, a falta de otras alternativas de ocio. Mirando las fotos de esos días, me puedo alegrar que, además del crecimiento humano, estos chicos y chicas han tenido una maduración cristiana y están dando pasos para que otros niños y adolescentes puedan tener las posibilidades de crecimiento que ellos han adquirido.
Vuelvo con una nueva alusión a la Sagrada Escritura, que debe ser la fuente principal de crecimiento para los cristianos. Nuestro párroco, en reuniones con catequistas, nos hablaba de que nuestra función era la del sembrador de la parábola. Los catequistas tenemos la misión de sembrar en los chicos y chicas que pasan por nuestros grupos la semilla del Reino. Desde una mentalidad humana, queremos recoger los frutos rápidamente y llegan frustraciones cuando no lo conseguimos; recoger los frutos no es cosa nuestra, es Dios quien lo lleva a cabo. Recuerdo la cita de San Pablo que los obispos dicen a los sacerdotes y diáconos en el momento de su ordenación: «Esta es nuestra confianza, que el que ha inaugurado entre vosotros esta buena obra, la llevará adelante hasta el Día de Cristo Jesús» (Flp. 1, 6). Nuestra confianza debe estar puesta en Él, que el "Unigénito" y "Enviado del Padre", pero también es agradable ver como se van recogiendo frutos, que han plantado otros. Trabajar por el Reino, no es un privilegio, como vemos en el Evangelio, sino un servicio. Ver que se están consiguiendo frutos es un privilegio, que anima a seguir y apostar por lo que realmente vale la pena.
Por eso, esta frase de Ferrán debe ser una frase para recordar, no todo se consigue de forma inmediata, pero el tiempo hace que se consiga mucho más de lo que se deja atrás. El pasado domingo, el Evangelio nos presentaba las parábolas del tesoro escondido y la perla preciosa. Son dos parábolas muy cortas, que puede costar comprenderla, a mi me ha pasado. Muchas veces nos centramos en los pequeños placeres de la vida, pero no nos damos cuenta de lo más grande que tenemos. Renunciar a esos pequeños placeres tiene como premio el mayor placer que puede tener uno en esta vida. La reflexión que hizo Ferrán el otro día, puede entenderse desde esta enseñanza que nos deja Mateo en su evangelio. Todo pasa por algo y para conseguir algo en la vida vendrán momentos malos que no comprendemos. Nuestra misión es sembrar, sabiendo que el "dueño de la mies" es el que se encarga de recoger y dar los frutos.