domingo, 18 de octubre de 2026

La importancia de la formación en el Directorio para la Catequesis

Comienzo explicando qué es el Directorio para la Catequesis. Se trata un documento oficial de la Iglesia, que no es muy conocido, pero debería presentarse en cualquier curso de iniciación para catequistas. Su finalidad es la orientación de la labor de los catequistas, dentro de la misión evangelizadora de la Iglesia. No es tan conocido como el Catecismo, documento que lo complementa y donde se pone de forma sistemática los conocimientos que los miembros que entran en un proceso de catequesis tienen que conocer, para poder llegar a adherirse a Jesucristo, que es el fin principal del proceso de catequesis. No se trata de alcanzar una serie de conocimientos sobre Jesucristo y de los dogmas de la Iglesia, sino de vivir según el estilo que Jesús nos dejó y se puede resumir en las Bienaventuranzas (Mt. 5, 3-12). El Directorio para la Catequesis actual fue publicado por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización en el año 2020, siendo el tercero que nos ofrece la Santa Sede, tras los publicados en 1971 y 1997. Así como el Catecismo es un documento que no necesita actualizarse, el Directorio debe adaptarse a los tiempo y a las nuevas realidades que vive la Iglesia y el mundo, para poder dar una respuesta a las situaciones cambiantes que se dan en la sociedad en la que nos toca vivir.

El actual directorio, al igual que los otros dos, da una gran importancia a la formación de los catequistas, como base para formar evangelizadores que transmitan la fe a los que están en proceso de crecimiento humano y divino. El Directorio dedica el capítulo cuarto a esta realidad, con un título que no deja lugar a dudas: "La formación de los catequistas", que comprende los puntos 130 a 156 del Directorio. Este capítulo cierra la primera de las tres partes en las que se divide este documento, que tiene como título general "La catequesis en la misión evangelizadora de la Iglesia". En el curso que estoy haciendo sobre el Ministerio del Catequista, para poder dar una mejor respuesta a los grupos a los que me toca acompañar, dentro del primero de los tres módulos (actualmente estoy con el segundo), había un bloque específico (o asignatura en el lenguaje escolar) dedicado a este capítulo. De las tres asignaturas que hice en ese módulo primero es la que más me gustó, pues las reflexiones que se nos proponían tenían que ver con el análisis de la formación recibida, la formación que se ofrece en la actualidad y cómo se debe presentar este proceso formativo a los catequistas de nuestras parroquias.

Dentro de todo el capítulo que dedica el Directorio a la formación me voy a centrar en esta entrada en lo que considero que es el punto central de este capítulo, que es el punto cuarto, que ocupa los puntos 136 a 150. Aquí nos presenta las tres dimensiones que debe cultivar el catequista para poder llegar a cumplir su tarea de una forma adecuada, teniendo en cuenta que cada una de las dimensiones responde a una de las tres funciones principales que debe cumplir el catequista (de acuerdo con el punto número 113 del actual directorio): ser (testigo de la fe y custodio de la memoria de Dios), saber (maestro y mistagogo que introduce en el misterio de Dios)  y saber estar (acompañante y educador de quienes le han sido confiados por la Iglesia). No debemos entender estas tres dimensiones como excluyentes entre sí, sino que deben complementarse dentro del proceso de formación, para poder dar respuesta de forma integral cuando realizamos nuestra misión como catequistas. Los catequistas son «personas que han experimentado el amor de Dios y, que por esta razón, se ponen al servicio del anuncio del Reino» (nº 138).

La primera dimensión es el "ser", que tiene que ver con la madurez humana y cristiana del ser, por lo que la formación ayuda a una disposición que tiene que ver con la vida del catequista. Se trata de cultivar una serie de habilidades para poder llegar a cumplir la misión de evangelizar a los niños, adolescentes, jóvenes o adultos. La maduración humana es propia de la persona, en su proceso de crecimiento y adquisición de unos valores y una conciencia en orden al bien. La madurez cristiana se adquiere con la formación, pero también con la oración y la celebración de los sacramentos, especialmente la eucaristía. Para poder ser testigos de la fe, se presupone que los catequistas tienen esa fe, no se puede transmitir algo que no se tiene. En último término, el catequista debe adquirir una «conciencia misionera», que no debe confundirse con la misión hacia fuera, los misioneros son parte de la misión de la Iglesia. En los países de tradición cristiana también hay muchos que son llamados a cumplir la misión de evangelizar.

Cuando hablamos del "saber" del catequista nos referimos a que debe adquirir una serie de conocimientos en diferentes aspectos de la vida cristiana. No debemos pensar que el catequista debe ser un gran teólogo, pero debe tener unos conocimientos suficientes en aspectos bíblicos, teológicos y de moral católica. Como maestro que introduce en el Misterio, debe conocerlo, para poder transmitirlo. El kerigma o primer anuncio es la base que deben tener presentes los catequistas, entendido no como el primero sino el principal de los anuncios a transmitir a los catecúmenos, que están realizando un recorrido en el conocimiento de la fe. Para anunciar el kerigma podemos partir de la exhortación de San Pablo en su primera carta a los cristianos de Corinto (15, 1-8). También debemos conocer algunos criterios básicos de las ciencias humanas, que nos permitan saber transmitir el mensaje a las personas que el Señor ha puesto en nuestro camino.

La tercera dimensión es el "saber hacer" se centra en la misión del catequista como educador y comunicador de la fe. Los catequistas transmitimos la fe a personas, en la mayoría de casos, que están en formación a nivel humano y cristiano. Debemos conocer nociones básicas de pedagogía y dirección de grupos, para transmitir el mensaje a nuestros grupos de acuerdo con los lenguajes actuales de nuestros catecúmenos. Igualmente, debemos conocer técnicas de comunicación que nos ayuden a acercarnos a los chicos y chicas que acompañamos en la catequesis. Igualmente, es importante que el catequista se sepa miembro de la comunidad, pues no estamos en una misión individual, sino que pertenecemos a la Iglesia fundada por Jesucristo, que nos envió junto al Padre al Espíritu Santo para transmitir la salvación a todas las generaciones. La fe es un acto individual, pero también eclesial, es decir, nuestra fe es personal, pero crece, madura y se transmite dentro de la Iglesia, cuerpo místico que tiene a Cristo por Cabeza.

domingo, 11 de octubre de 2026

La formación del (evangelizador) cristiano, desde mi experiencia propia

 Ahora que ya hemos comenzado el curso, tras un pequeño parón desde finales de agosto, quiero reflexionar sobre un aspecto que considero clave en la vida, como es la formación, en todos los ámbitos de la vida, también en el ámbito cristiano. Pongo entre paréntesis la palabra "evangelizador", porque considero que todos los cristianos, por el Bautismo estamos llamados a cumplir esta misión en la Iglesia, de acuerdo con la misión que Jesús dejó a los discípulos en la conclusión del Evangelio de Mateo (leer Mt. 28, 16-20). Aunque todos estamos llamados a esta misión, algunos hemos recibido de forma inmerecida el don del Espíritu Santo para llevar a cabo la tarea de evangelizar, en mi caso en la catequesis a los niños y adolescentes de la parroquia. Muchas veces esta misión se circunscribe a la catequesis preparatorias para los diferentes sacramentos, pero debemos ampliarla a todos los grupos de la parroquia, desde niños hasta ancianos. Recuerdo, y se me quedó grabada, la frase que nos dijo don Fidel (entonces Arzobispo de Burgos, hoy emérito) en su visita pastoral a la parroquia, en el momento en el que se reunió con los catequista, de que la formación cristiana es un proceso continuo que dura toda la vida y que afecta a todos los bautizados, desde los más pequeños hasta los más veteranos, tanto laicos, como religiosos y sacerdotes (y obispos).

He de reconocer que yo solo me he preparado de forma específica en los últimos años, por eso quiero poner este tema encima de la mesa, por si puede llegar a la mayor cantidad posible de personas que estén interesados, especialmente pensando en los adolescentes y jóvenes de la unidad parroquial, que nos reunimos los viernes por la tarde-noche. Algunos de ellos están empezando a ser catequistas y otros nos acompañan en las convivencias para echar una mano a los catequistas. Cuando he reflexionado sobre ello, me doy cuenta que siempre he pertenecido a la parroquia. En mi juventud acudía más de manera rutinaria que comprometida, participando en convivencias y campamentos, además de la catequesis y de confirmación y las reuniones en grupos de jóvenes. 

El hecho de tener, en esos momentos, una potente asociación juvenil, unida a mi formación en el campo del ocio y el tiempo libre (como monitor y animador socio-cultural), me hacía tener una sensación de que la pastoral juvenil se trabajaba a través de dinámicas y actividades en este ámbito. Mis primeras catequesis tenían un carácter más de animación de grupo que de preparación para la vida comunitaria y sacramental. Con el tiempo (y el alejamiento en edad de los chicos y chicos que acompañaba en la catequesis) que por este punto ya no llegaba a ellos de la misma forma. Además, la catequesis de confirmación ha nivel diocesano cambió de un proceso en el que la confirmación se confería en torno a los 16 años a otro proceso en el que los chicos y chicas que hacen la comunión continúan el proceso formativo, hasta que la confirmación la reciben en torno a los 12 años. Esto también supuso un cambio para mí, siempre acostumbrado a estar con jóvenes. El primer grupo que tuve de confirmación a esta edad más temprana, además coincidió que fue en abril de 2021, con el último año de preparación afectado por la pandemia del coronavirus, con restricciones de movilidad, sin poder vernos las caras por las mascarillas... Fue un año complicado en el que no me sentí a gusto y considero que no pude ayudar adecuadamente a ese grupo en su proceso de crecimiento personal. 

Por todo ello, considero que la formación es un elemento fundamental para todos aquellas que estamos encargados de acompañar a grupos en su camino de evangelización, especialmente cuando los que acompañamos son niños y pre-adolescentes. Creo que también es importante la experiencia, pero la formación, además de la oración y la presencia en las eucaristías, es el camino que hace que los cristianos podamos acercarnos más a Dios y poder transmitirlo a los que nos acompañan. En los últimos años me estoy formando, no para quedarme con una serie de conocimientos, sino para poder transmitirlos, el tesoro de la fe no es para quedárselo uno mismo, sino para transmitirlo a los que nos rodean, cumpliendo la misión que he comentado al principio y que procede del propio Jesús (cf. Mt. 28, 16-20). Lo mismo que una luz no se esconde debajo de una mesa, porque su función de iluminar no podría darse (cf. Mt. 5, 15), los conocimientos que uno recibe, especialmente cuando son sobre la Buena Noticia de la salvación, no pueden quedarse en el interior de uno mismo, sino que debe transmitirse a los demás. Debemos seguir las enseñanzas de San Pablo: «El hecho de predicar no es para mi motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mi si no anuncio el Evangelio!» (1 Cor. 9, 16).

La formación cristiana no se circunscribe a un solo ámbito, sino que son muchos los ámbitos en los que formarse, teniendo cada uno bautizado la posibilidad de formarse de acuerdo con los dones que ha recibido del Espíritu Santo. Además, de acuerdo con los nuevos tiempos, las posibilidades formativas son mayores, pues hay muchas opciones online que permiten que podamos adecuar esta formación a nuestra vida diaria. Bien es cierto que la formación presencial es más enriquecedora, porque permite una interacción más directa con los que nos rodean, pero la posibilidad de poder formarnos cuando tenemos tiempo es una ventaja que tenemos que aprovechar. En un siguiente artículo analizaré la formación que he recibido y la que estoy cursando en la actualidad, dejando diferentes posibilidades y estando abierto a poder mostraros posibilidades a los que tengáis esa inquietud. Poder guiaros, desde la humildad de mis conocimientos y mi experiencia, es algo que no me cuesta y que tiene un claro beneficio, que es acercar el «Reino de los Cielos» a todo aquel que lo busque, dentro de un mundo y una sociedad, donde cada vez es menos frecuente hablar de Dios y conocer su fuerza salvadora.

La importancia de la formación en el Directorio para la Catequesis

Comienzo explicando qué es el Directorio para la Catequesis. Se trata un documento oficial de la Iglesia, que no es muy conocido, pero deber...