Comienzo explicando qué es el Directorio para la Catequesis. Se trata un documento oficial de la Iglesia, que no es muy conocido, pero debería presentarse en cualquier curso de iniciación para catequistas. Su finalidad es la orientación de la labor de los catequistas, dentro de la misión evangelizadora de la Iglesia. No es tan conocido como el Catecismo, documento que lo complementa y donde se pone de forma sistemática los conocimientos que los miembros que entran en un proceso de catequesis tienen que conocer, para poder llegar a adherirse a Jesucristo, que es el fin principal del proceso de catequesis. No se trata de alcanzar una serie de conocimientos sobre Jesucristo y de los dogmas de la Iglesia, sino de vivir según el estilo que Jesús nos dejó y se puede resumir en las Bienaventuranzas (Mt. 5, 3-12). El Directorio para la Catequesis actual fue publicado por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización en el año 2020, siendo el tercero que nos ofrece la Santa Sede, tras los publicados en 1971 y 1997. Así como el Catecismo es un documento que no necesita actualizarse, el Directorio debe adaptarse a los tiempo y a las nuevas realidades que vive la Iglesia y el mundo, para poder dar una respuesta a las situaciones cambiantes que se dan en la sociedad en la que nos toca vivir.
El actual directorio, al igual que los otros dos, da una gran importancia a la formación de los catequistas, como base para formar evangelizadores que transmitan la fe a los que están en proceso de crecimiento humano y divino. El Directorio dedica el capítulo cuarto a esta realidad, con un título que no deja lugar a dudas: "La formación de los catequistas", que comprende los puntos 130 a 156 del Directorio. Este capítulo cierra la primera de las tres partes en las que se divide este documento, que tiene como título general "La catequesis en la misión evangelizadora de la Iglesia". En el curso que estoy haciendo sobre el Ministerio del Catequista, para poder dar una mejor respuesta a los grupos a los que me toca acompañar, dentro del primero de los tres módulos (actualmente estoy con el segundo), había un bloque específico (o asignatura en el lenguaje escolar) dedicado a este capítulo. De las tres asignaturas que hice en ese módulo primero es la que más me gustó, pues las reflexiones que se nos proponían tenían que ver con el análisis de la formación recibida, la formación que se ofrece en la actualidad y cómo se debe presentar este proceso formativo a los catequistas de nuestras parroquias.
Dentro de todo el capítulo que dedica el Directorio a la formación me voy a centrar en esta entrada en lo que considero que es el punto central de este capítulo, que es el punto cuarto, que ocupa los puntos 136 a 150. Aquí nos presenta las tres dimensiones que debe cultivar el catequista para poder llegar a cumplir su tarea de una forma adecuada, teniendo en cuenta que cada una de las dimensiones responde a una de las tres funciones principales que debe cumplir el catequista (de acuerdo con el punto número 113 del actual directorio): ser (testigo de la fe y custodio de la memoria de Dios), saber (maestro y mistagogo que introduce en el misterio de Dios) y saber estar (acompañante y educador de quienes le han sido confiados por la Iglesia). No debemos entender estas tres dimensiones como excluyentes entre sí, sino que deben complementarse dentro del proceso de formación, para poder dar respuesta de forma integral cuando realizamos nuestra misión como catequistas. Los catequistas son «personas que han experimentado el amor de Dios y, que por esta razón, se ponen al servicio del anuncio del Reino» (nº 138).
La primera dimensión es el "ser", que tiene que ver con la madurez humana y cristiana del ser, por lo que la formación ayuda a una disposición que tiene que ver con la vida del catequista. Se trata de cultivar una serie de habilidades para poder llegar a cumplir la misión de evangelizar a los niños, adolescentes, jóvenes o adultos. La maduración humana es propia de la persona, en su proceso de crecimiento y adquisición de unos valores y una conciencia en orden al bien. La madurez cristiana se adquiere con la formación, pero también con la oración y la celebración de los sacramentos, especialmente la eucaristía. Para poder ser testigos de la fe, se presupone que los catequistas tienen esa fe, no se puede transmitir algo que no se tiene. En último término, el catequista debe adquirir una «conciencia misionera», que no debe confundirse con la misión hacia fuera, los misioneros son parte de la misión de la Iglesia. En los países de tradición cristiana también hay muchos que son llamados a cumplir la misión de evangelizar.
Cuando hablamos del "saber" del catequista nos referimos a que debe adquirir una serie de conocimientos en diferentes aspectos de la vida cristiana. No debemos pensar que el catequista debe ser un gran teólogo, pero debe tener unos conocimientos suficientes en aspectos bíblicos, teológicos y de moral católica. Como maestro que introduce en el Misterio, debe conocerlo, para poder transmitirlo. El kerigma o primer anuncio es la base que deben tener presentes los catequistas, entendido no como el primero sino el principal de los anuncios a transmitir a los catecúmenos, que están realizando un recorrido en el conocimiento de la fe. Para anunciar el kerigma podemos partir de la exhortación de San Pablo en su primera carta a los cristianos de Corinto (15, 1-8). También debemos conocer algunos criterios básicos de las ciencias humanas, que nos permitan saber transmitir el mensaje a las personas que el Señor ha puesto en nuestro camino.
La tercera dimensión es el "saber hacer" se centra en la misión del catequista como educador y comunicador de la fe. Los catequistas transmitimos la fe a personas, en la mayoría de casos, que están en formación a nivel humano y cristiano. Debemos conocer nociones básicas de pedagogía y dirección de grupos, para transmitir el mensaje a nuestros grupos de acuerdo con los lenguajes actuales de nuestros catecúmenos. Igualmente, debemos conocer técnicas de comunicación que nos ayuden a acercarnos a los chicos y chicas que acompañamos en la catequesis. Igualmente, es importante que el catequista se sepa miembro de la comunidad, pues no estamos en una misión individual, sino que pertenecemos a la Iglesia fundada por Jesucristo, que nos envió junto al Padre al Espíritu Santo para transmitir la salvación a todas las generaciones. La fe es un acto individual, pero también eclesial, es decir, nuestra fe es personal, pero crece, madura y se transmite dentro de la Iglesia, cuerpo místico que tiene a Cristo por Cabeza.

