miércoles, 10 de julio de 2024

El Camino de Santiago, verdadero camino en la Vida de un cristiano

 «Yo soy el camino y la verdad y la vida» (Jn. 14, 6), con estas palabras se dirige Cristo a alguno de sus apóstoles cuando les pide que les muestre el camino. El Camino de Santiago es un verdadero camino de vida para encontrarse como cristiano. Son muchas las motivaciones para realizar el Camino, pero esa debe ser la meta para los cristianos, peregrinar hasta la tumba del Apóstol Santiago, el amigo del Señor, el primer evangelizador en la Península Ibérica. Son muchas las rutas que llegan hasta Compostela, algunas más famosas y otras, menos, algunas acogen a más peregrinos y otras a menos, algunas más duras de transitar y otras menos. Todas tienen en común que terminan en la catedral compostelana, donde podemos encontrar la tumba del Apóstol, que nos recuerda que en su día fue testigo directo de la predicación del Salvador.

Por mi experiencia en el Camino, aunque en los últimos años solamente lo he realizado acompañando grupos, creo que es algo que debería estar en el pensamiento de todo cristiano. No necesariamente tiene que ser el Camino de Santiago, sino cualquier peregrinación que tenga como meta algún lugar importante para la vida de nuestro Señor y el cristianismo. Hace año y medio puede estar en Tierra Santa y reconozco que fue la experiencia más impactante de mi vida. Me gustaría conocer Roma, el lugar donde el cristianismo se asentó por medio de los apóstoles Pedro y Pablo. También me gustaría conocer las rutas en torno a las actuales Grecia y Turquía, por donde San Pablo extendió el primitivo cristianismo. Igualmente me gustaría conocer Lourdes o Fátima, lugares donde la Virgen se hizo presente, al igual que Guadalupe.

Conocí el Camino en 2002, tan joven yo que me venció por ser osado e inexperto. En 2007, pude realizar, no sin dificultades la última parte. En los últimos años, he acompañado a diferentes grupos de la parroquia en la parte final, como actividad de fin de curso (los dos años anteriores solo el fin de semana, los tres años anteriores a la pandemia la semana completa, al igual que estos primeros días de julio). Siempre he querido hacerlo, mi físico y el temor me frenan, aunque me lo he dividido en etapas de alrededor de 15 kms, no puedo más y no sé si pondría con ello. Después de la experiencia que acabo de realizar, no se si por el subidón, me lo he vuelto a plantear, hoy iba a comprar algo para cenar en una tienda de comida rápida que han abierto en mi localidad y he terminado dando un paseo de hora y media, sin el mejor calzado, pero con la ilusión de esos chavales a los que he visto disfrutar estos últimos días. 

Hacer el Camino,  (o cualquier peregrinación) es algo que los cristianos deberíamos plantearnos en serio. Son momentos que ayudan a la reflexión espiritual, tanto caminando como permaneciendo en diferentes sitios en silencio y contemplación. Del camino siempre recuerdo la Iglesia de Portomarín (que se puede ver en la foto de abajo). Contemplarla me da paz y me ayuda a encontrarme con la presencia del Señor, sentir su compañía y su aliento. Igual que otros muchos sitios, presenciar la imponente catedral de Santiago en la noche es otro momento especial, así como otros muchos que van variando en función de las circunstancias de cada momento y cada camino. Entiendo que son muchas las motivaciones para hacer el camino, pero como cristiano, sin duda, la motivación espiritual debe ser la principal, encontrarse con uno mismo y con el Señor, que sale a caminar con cada uno, como lo hizo en su día con los discípulos que volvían tristes a Emaús, y acompaña en el camino y en la vida.




viernes, 16 de junio de 2023

Proyecto para la catequesis y la liturgia con niños: "Dejar que los niños escuchen mi voz"

Retomo este blog tras unos meses de ausencia, con uno de los principales objetivos que tuve al comenzar este proyecto: traer recursos para trabajar con niños y adolescentes en la catequesis y la liturgia.  

Recientemente he conocido un proyecto, que se titula “Dejar que los niños escuchen mi voz”. Se trata de un estudio completo del salesiano Miguel Ángel Moreno Nuño, que propone un itinerario sobre la liturgia de la Palabra para trabajar las misas con niños a lo largo de todo el año. Lo llamo Itinerario y no Leccionario, porque a pesar de seguir su esquema, como el mismo reconoce, para ser un leccionario debe estar aprobado por una autoridad competente.

El proyecto parte de su tesina para completar sus estudios de Ciencias Religiosas y Catequéticas. Toma como punto de partida el Leccionario IX de los leccionarios que la CEE publicó tras la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, con la traducción a las lenguas vernáculas. La publicación de la Biblia, en su edición de la CEE, hizo que se revisasen todos los leccionarios y se publicasen nuevos. Se han publicado todos menos éste y por lo que se comenta el autor, no está proyectada su actualización. Este leccionario es especial, porque solo se publicó en España, siendo poco usado y publicitado.

En este contexto surge este proyecto, para dotar a los agentes de liturgia y catequesis de un material para trabajar la Palabra con niños. Se trata de un proyecto de cuatro libros, el último pendiente de publicación. Los dos primeros me parecen fundamentales para entender el proyecto, mientras el tercero y que falta de publicarse son materiales complementarios. El primer libro es el “Estudio preliminar”, en el que estudia los leccionarios desde la reforma litúrgica conciliar, siendo la segunda parte la explicación de cómo ha configurado el itinerario a partir de su estudio.

El itinerario propiamente es el segundo libro, que se titula “Lecturas Bíblicas”, que divide en dos partes. La primera es lo que sería la propuesta que hace para seguir el año litúrgico, con el mismo esquema que los leccionarios para los domingos y festivos. La segunda parte se centra en una serie de propuestas para trabajar diversos temas del kerigma, en el que propone diez temas distintos, con cuatro opciones para cada uno de ellos. Las lecturas están adaptadas a la comprensión de los niños, proponiendo un itinerario que les ayude a comprender a los niños el misterio de la salvación, especialmente en la propuesta que hace para el Tiempo Ordinario.

Considero que es una muy buena propuesta para trabajar con niños y adolescentes en celebraciones específicas, me surgen más dudas de cómo poder llevarlo a las eucaristías de las familias que tenemos en muchas parroquias. Creo, desde mi realidad y experiencia, que es un muy buen material para trabajar en convivencias y otras actividades de catequesis. Propone una gran cantidad y variedad de lecturas bíblicas, por lo que nos sirve para trabajar en eucaristías y oraciones para las convivencias, pudiendo elegir lo propio de esa semana, especialmente en tiempos fuertes, o textos que se adapten a diferentes temas que se pueden tratar en convivencias.



jueves, 23 de febrero de 2023

Viaje a Tierra Santa (V): Conclusiones

Mi primera conclusión tiene que ver con el tipo de peregrinación, pues por lo que he visto en internet hay dos tipos de peregrinaciones, la que se hace siguiendo los pasos de Jesús y la que se hace de modo geográfico, yendo primero a la zona norte (Galilea, Nazaret, Caná...), A mi me parece mejor la que hicimos, siguiendo los pasos de Jesús, aunque esto signifique hacer un viaje largo más, pues empezamos en el sur (Belén y Jerusalén), a mitad del viaje subimos al norte y volvemos a bajar hacia el sur, para terminar con los acontecimientos que ocurren en Jerusalén. Como cristiano, ayuda más a situarte en la vida de Jesús, comenzando por Belén y Ain Karem, para acercarse a Nazaret y los lugares donde vivió su vida pública, terminando en Jerusalén.

Lo que no se puede cambiar es los días de vuelo, pues hay que adaptarse a los horarios de los vuelos. El primer día, a la hora que llegas, ya no puedes hacer mucho más. Aprovechando que era viernes y llegábamos al anochecer nos acercamos al Muro de las Lamentaciones a ver como celebraban los judíos el shabat, no me sentí muy cómodo. Tal vez podíamos haber ido directamente a Belén y celebrar la visita, vigilia y eucaristía en el Campo de los Pastores antes de ir al hotel y la cena. Entiendo que debe ser en la noche, por lo que se celebra, llegaríamos de noche, porque allí amanece muy temprano. Después podíamos ir al hotel y aprovechar para descansar más. Es un día duro, con el trayecto en bus hasta Madrid, todo el tema del vuelo y las medidas a la llegada a Tel Aviv, a lo que hay que añadir un nuevo viaje en bus.
El segundo día me parece muy adecuado lo que hicimos, visitar por la mañana Belén y por la tarde Ain Karem, tal vez lo podríamos hacer al revés, pues los acontecimientos de Ain Karem son anteriores. Incluso podríamos haber ido directamente a Ain Karem y celebrar la primera eucaristía en la Basílica de la Visitación, pero entiendo que sea más complicado por tema de horarios.

El tercer día fue un poco más caótico, la mañana estuvo muy bien, con la renovación de las promesas bautismales en el Jordán y la eucaristía junto a la comunidad local en Jericó. A partir de aquí yo hubiese cambiado un poco. Hubiese intentado acercarme al santuario ortodoxo que hay en el Monte de las Tentaciones. Fue todo un poco rápido todo. Tras la comida nos acercaríamos al Mar Muerto y a ver los manuscritos del Qumran; lo primero lo hicimos muy rápido y lo segundo no lo pudimos hacer. Después, ya sin prisa, ir hasta Nazaret y en los dos días siguientes ver toda la zona, quitando el viaje a Haifa, que está más alejado y no es una ciudad en la vida de Jesús, sino donde vivió el profeta Elías y está el primer santuario carmelita.

Los días cuarto y quinto los haría como he visto que se van a hacer en la próxima peregrinación. Comenzaría la mañana del cuarto día visitando Caná y el Monte Tabor, que están cerca de Nazaret. Son dos lugares emblemáticos, yo haría aquí doble celebración, primero en Caná, la renovación de las promesas matrimoniales, sin eucaristía, que la haría en el Monte Tabor, donde tuvo lugar el acto de la Transfiguración. Algo así como hicimos el día de la renovación de las promesas bautismales. Por la tarde, tras la comida, visitaría Nazaret, que es la espinita que se me ha quedado, pues apenas tuvimos 20 minutos para poder visitar la basílica de la Anunciación y no pudimos ver otros lugares importantes de la localidad. 

El quinto día haría toda la visita alrededor del Lago de Galilea. Nosotros la hicimos tras visitar el Monte Tabor. Quitando esas dos horas del Tabor, creo que hubiéramos podido visitar todo con más calma. Son muchos sitios, pequeños y cercanos entre sí, que visitamos casi a la carrera y con poco tiempo para interiorizar lo que pasó en ellos. Al terminar este día, hacer el viaje a Jerusalén. Como el otro viaje, los más largos en autobús los haría en el momento final del día, ya sin prisa para hacer alguna visita, pues conducir en esas zonas es muy diferente a lo que conocemos aquí y es fácil encontrarse un atasco en ciertas zonas.

En la llegada a Jerusalén, tal vez no podríamos haber visto en el museo de la ciudad la impresionante maqueta en piedra de la ciudad en el siglo I, pero creo que verla al día siguiente no hubiera supuesto una gran pérdida de tiempo. La hubiera dejado para comenzar el sexto día. Después al ser una gran ciudad, entiendo que se haga la visita de acuerdo a los lugares en los que están los sitios importantes a visitar y no se haga de modo cronológico de acuerdo a lo que nos cuentan los evangelios. También entiendo que en el Monte de los Olivos comenzásemos por arriba, en el lugar de la Ascensión y fuésemos bajando, por comodidad y evitar más cansancio.

Con todo esto, la experiencia inmejorable, de las mejores de mi vida. Espero volver en unos años, con la experiencia y el conocimiento de esta visita. El grupo en el que fuimos fue muy grande, que es positivo en muchos aspectos, pero también dificulta los movimientos y cuando se despista alguno toca esperar, pues es una zona desconocida para la mayoría y hay sitios en los que no es aconsejable entrar. Creo que un grupo rondando las 20 personas es lo ideal. Los hoteles estaban genial, pero creo que la posibilidad de quedarnos en los centros conocidos como Casa Nova, instalaciones que tienen los franciscanos sería algo mejor, por dos razones: son lugares dignos (yo no necesito tanto lujo) y están ubicadas junto a los principales lugares a visitar, lo que evitaría viajes desde el lugar donde nos hospedamos al lugar donde comenzamos nuestra peregrinación.

lunes, 30 de enero de 2023

Vaije a Tierra Santa (IV): Jerusalén, la ciudad eterna

 En la anterior entrada ya dije que llegamos a Jerusalén en la tarde anterior, pero los días que dedicamos a recorrer los lugares más importantes para los cristianos en la ciudad fueron los días 7 y 8. Comenzamos el día 7 en el Monte de los Olivos. No recorrimos los lugares de acuerdo a como fue el camino de Jesús en la ciudad eterna. Comenzamos por lo último, pues estaba en lo alto del monte y después fuimos bajando. En lo alto del monte está el lugar donde Jesús se despidió de los suyos antes de ascender a los cielos. 

Fuimos bajando monte abajo y nos encontramos con la Iglesia del Padre Nuestro, el lugar donde Jesús enseñó esta oración, En la iglesia y en sus muros exteriores está la oración en más de 150 idiomas. Otro lugar que visitamos fue Dominus Flevit, el lugar donde Jesús lloró. Desde este lugar se puede observar la ciudad vieja de Jerusalén. Al llegar abajo del monte nos encontramos con Getsemaní, junto al huerto una basílica que recuerda el lugar donde Jesús oró tras la última cena y fue apresado por los ejércitos del sumo sacerdote. A este lugar volvimos por la noche, donde celebramos una Hora Santa junto a muchos peregrinos que estaban esos días en Jerusalén, la mayoría españoles que aprovechamos el puente para nuestra peregrinación.

El final de la mañana fue para visitar otro lugar importante, el siguiente siguiendo los acontecimientos de la Pasión. Se trata de San Pedro de Gallicantu. Este es el lugar donde llevaron a Jesús, la casa del sumo sacerdote, donde se produjo el juicio de Caifás y donde cantó el gallo tras la negaciones de Pedro. La iglesia está dividida en tres alturas, siendo la planta más baja el lugar donde Jesús pasó la noche apresado a la espera de ser llevado donde Pilatos. Es un lugar que impresiona por lo que sucedió allí, en la época de Jesús, era imposible escapar de esa "prisión", pues solo se podía acceder por un pequeño espacio en la parte superior y para salir de ahí era necesario salir ayudado desde la parte superior. Encima de este espacio hay dos capillas, en la más baja, recuerda las negaciones de Pedro. La capilla superior rememora el juicio a Jesús por parte del Sanedrín. En el exterior diversas representaciones de estos momentos.

Por la tarde visitamos el Cenáculo, donde Jesús y los apóstoles celebraron la Última Cena, además en el mismo lugar es donde los apóstoles recibieron el Espíritu Santo. En la actualidad este espacio no pertenece a los cristianos, sino que es de propiedad judía, ya que justo debajo hay una sinagoga. Por lo tanto es un lugar donde no se puede celebrar la eucaristía. Cerca de este lugar, los franciscanos tienen un convento, que se llama el Convento del Cenáculo, que es donde celebramos ese día la eucaristía. En esta celebración recordamos la institución de la eucaristía y los sacerdotes renovaron el sacramento del orden sacerdotal. Además, todos los presentes renovamos el compromiso que sellamos el día de la confirmación.

El día siguiente, tras un breve recorrido por la Explanada de las Mezquitas, lugar donde en tiempos de Jesús estaba el Templo de Jerusalén, comenzamos el Via Crucis por la Via Dolorosa, que concluyó en la Basílica del Santo Sepulcro. Después visitamos la gran basílica donde se encuentran dos lugares tan importantes como son el Calvario y el Sepulcro donde Jesús fue colocado. Sin duda, entrar dentro del sepulcro, aunque fueran unos pocos segundos, fue uno de los momentos más emocionantes del viaje. Felizmente el sepulcro está vacío y Jesús camina junto a su Iglesia, de la que somos miembros todos los bautizados. Celebramos la eucaristía en este lugar, conmemorando el gran gozo que aquí sucedió, el Señor pasó de la muerte a la vida para nuestra salvación. 

La última tarde fue un poco distinta, gracias a la presencia del arzobispo, don Mario, pudimos visitar el Patriarcado Latino en Jerusalén (lo que sería la diócesis que comprende los Santos Lugares, Israel, Palestina, Jordania y Chipre). Nos recibió el obispo auxiliar William Shomali, ya que el Patriarca se encontraba fuera del país. Pudimos charlar con él y nos comentó la difícil situación que viven los cristianos en Tierra Santa, cada vez son menos y se ven obligados a buscar otras tierras. La situación es especialmente complicada en Palestina, donde el obispo auxiliar nació y es el encargado. Ciudades tan importantes como Belén se están descristianizando y los cristianos de la ciudad, a pesar de estar separados solo por una valla, no pueden visitar los santos lugares de Jerusalén. Además, su situación se ha visto perjudicada en la pandemia, pues el principal modo de vida en la ciudad es el turismo e Israel ha estado cerrado a los turistas durante más de dos años. 

El resto de la tarde tuvimos tiempo libre y puede considerarse que nuestra peregrinación ya había llegado al final. El último día, camino del aeropuerto, tuvimos una última visita,  Saxum Visitors Centre. Se trata de un centro que tiene el Opus Dei en las cercanía de Emaús, en la que se explican todas la historia de esta tierra. Ayudó a poner en nuestra cabeza muchas cosas que habíamos vivido durante estos días, pues el ritmo de visitas fue alto y no daba tiempo a asimilar todo lo que habíamos visto y conocido en estos días.

martes, 17 de enero de 2023

Viaje a Tierra Santa (III): Recorriendo los lugares donde Jesús predicó y evangelizó

 El tercer día de la peregrinación, domingo 4 de diciembre dejamos atrás Jerusalén para adentrarnos en los lugares donde Jesús hizo su vida pública, lugares conocidos en los Evangelios. Comenzamos este primer día en el río Jordán, allí donde Jesús fue bautizado, todos los presentes tuvimos la oportunidad de renovar nuestro bautismo. Después nos dirigimos a Jericó, donde destaco la celebración de la eucaristía con la comunidad local, pequeña comunidad en una localidad mayoritariamente musulmana. Es uno de los dos momentos del viaje que más me impresionó, dentro de todo un viaje que perdurará en mi memoria. Es una experiencia diferente, me recuerda a lo que he leído y estudiado sobre los primeros cristianos en esas tierras. Son un grupo minoritario con una gran fe y que lo viven con gran pasión.

Tras un paso por la zona en la que se ve el Monte de las Tentaciones, en una parada más comercial que religiosa, nos fuimos hasta el Mar Muerto, donde el que quiso pudo bañarse en el lugar más bajo de la tierra. Tras la comida hicimos un largo viaje hasta la zona norte. El caótico tráfico de la zona no nos permitió hacer lo que estaba previsto, que también nos alteró el plan del día siguiente. Llegamos a Nazaret a una hora tardía, que apenas nos permitió una pequeña visita a la Basílica de la Anunciación, el único momento en el que estuvimos en la ciudad donde Jesús pasó la mayor parte de su vida. Sin duda, si vuelvo algún día a esta tierra, es el lugar prioritario que tendré que visitar.

El día siguiente fue una carrera de un sitio a otro, en el que no pudimos apenas parar. Salimos pronto camino del Monte Tabor, lugar de la Transfiguración, donde celebramos la eucaristía. Era el sitio que teníamos que haber visitado el día anterior. Es un evangelio que me ha marcado y visitar ese monte me llamó. Me gusta el estilo de la moderna basílica, con el gran espacio central dedicado a Cristo y dos pequeñas capillas laterales dedicadas a Moisés y Elías. Tras esto nos desplazamos a la Basílica de las Bienaventuranzas, en el monte donde Jesús dio el famoso Sermón de la Montaña. 

Tras la comida, la tarde fue una concatenación de visitas rápidas, comenzando por un paseo en barco por el Lago de Tiberiades, lugar que tantas veces relata hechos de Jesús en los evangelios. Después visitamos las localidades de Tabgha, donde destacan dos iglesias. que conmemoran la multiplicación de los panes y los peces y la iglesia del Primado de Pedro, lugar junto al lago donde se produjo la pesca multitudinaria y donde Pedro fue confirmado como la piedra angular que llevaría la Iglesia. Después fuimos a la cercana Cafarnaún, donde está la casa de Pedro, sobre sus ruinas hay una iglesia que recuerda este hecho. También visitamos los restos de una antigua sinagoga, datada en el siglo IV, que fue construida sobre una anterior de la época de Jesús.

Terminamos este día en Magdala, la localidad de María Magdalena. Aquí no visitamos algo propio de la época de Jesús, sino un centro llamado Duc In Altum, donde el Camino Neocatecumenal ha elaborado un moderno complejo de oración y homenaje a grandes mujeres de la Biblia, como la fiel discípula de Jesús nacida en esta localidad. La capilla central es la Capilla de la Barca, una hermosa capilla en forma de barca con un cristal detrás del presbiterio que da al al lago de Tiberiades. La pena es que lo visitamos ya en la noche y no pudimos verlo. También hay una serie de capillas más pequeñas. Es un lugar bonito que nos acerca a otras realidades de la Biblia.

El último de este día es el día que menos me gustó. Lo mejor vino al principio, la primera visita fue en Caná, donde se produjo el primer milagro de Jesús y donde los matrimonios presentes renovaron sus promesas matrimoniales. Después nos acercamos a Haifa, donde está el Monte Carmelo, donde apareció la primera imagen de la Virgen del Carmen en un convento carmelita, siendo destacado la importancia del profeta Elías. Creo que dimos demasiadas vueltas para lo poco que vimos, pues la iglesia está en obras. Tras la comida viaje a Jerusalén, donde visitamos el Museo Nacional en el que vimos dos estancias. La primera de ella una enorme maqueta en piedra de la ciudad en la época de Jesús. También visitamos el lugar donde están los manuscritos del Mar Muerto. Con esto concluye la segunda parte del viaje, quedan los últimos días de la peregrinación en la ciudad santa.

sábado, 14 de enero de 2023

Viaje a Tierra Santa (II): Recorriendo los lugares de la infancia de Jesús

En mi entrada de hoy me quiero centrar en los dos primeros días, en las que visité Belén y Ain Karem, ciudades que marcan los acontecimientos de la infancia de Jesús y su primo Juan Bautista, el último profeta. Para entrar en el país la entrada más habitual es el aeropuerto de Tel Aviv, tras un viaje largo, hasta que llegas al autobús los trámites son pesados y en un grupo grande tienes que esperar a que todo el mundo los haga y que nadie se pierda en un aeropuerto en el que hay muchos viajes. 

Lo primero que hicimos fue ir a Jerusalén, pues llegamos un viernes y ya estaba anocheciendo. Por eso pudimos contemplar el sabbat judío. La gran celebración semanal de los judío empieza en cuanto llega la noche del viernes, ellos entienden los días en cuanto llega la noche, no de acuerdo a nuestro horario. Se reúnen en torno al Muro de las Lamentaciones para rezar. Está bien verlo una vez en la vida, pero como cristiano no era lo que más me ilusión me hizo durante el viaje. Pero entiendo que ir a verlo está bien, más cuando teníamos tiempo.

Este viernes llegamos a Belén y tras alojarnos tuvimos la cena. Los horarios allí no son como aquí. Lo primero que llama la atención es que anochece muy pronto, también amanece pronto. Tras la cena nos dirigimos a la Iglesia del Campo de los Pastores, donde celebramos la eucaristía. Es el lugar donde los pastores recibieron la visita del ángel que les anunció el nacimiento del Salvador. Era ya de noche y no pudimos ver nada, al día siguiente hicimos una visita rápida porque estaba al lado del restaurante donde comimos. Después vuelta al hotel, un breve momento de encuentro y a dormir.

Al día siguiente tuvimos la mañana en Belén y la tarde en Ain Karem. En Belén visitamos la Basílica de la Anunciación, celebramos la eucaristía y pudimos visitar la basílica, adorando el lugar donde estuvo presente el pesebre de Jesús. Impresiona tener que agacharse para entrar, a la misma, una puerta que se hizo de esa forma para evitar la entrada a caballo de asaltantes, pero que tiene un significado especial: sentirse humildes y pequeños ante la magnitud del acontecimiento que ocurrió en este lugar. Después visitamos la Gruta de la Leche, el lugar donde se dice que la Sagrada Familia se escondió antes de partir a Egipto, que toma su nombre porque se cayó una gota de leche mientras la Virgen amamantaba a Jesus. Terminamos nuestra visita en un colegio-residencia que tienen las religiosas del Verbo Encarnado, donde viven y son educados niños pobres, de la calle y huérfanos. La verdad que impresiona lo que nos contaron las hermanas y lo que importan en muchos casos los niños, especialmente los que tienen alguna situación no común a nivel físico o mental.

La tarde la pasamos en Ain Karem, siendo el protagonista Juan Bautista y su madre Isabel, que recibió la visita de su prima la Virgen cuando estaba embarazada del Señor. El primer lugar que visitamos fue la iglesia donde nació Juan Bautista. No pudimos hacer una visita completa, pues está en restauración, pero si pudimos acercarnos al punto exacto donde se venera el nacimiento del último profeta. En el exterior de la misma nos podemos encontrar la oración del Benedictus, escrita en muchos idiomas. Esta oración se atribuye a Zacarias, padre de Juan, que dijo tras meses sin hablar ante la incredulidad de que fueran a tener un hijo, al ser Isabel y él personas de edad avanzada que no habían podido ser padres. Después subimos a la Basílica de la Visitación, el lugar donde se produjo el encuentro entre María y su prima Isabel. Aquí también destaca otra gran oración como es el Magnificat, pronunciado por la Virgen ante el recibimiento de su prima, que también está colgada en diferentes idiomas en los muros que protegen el complejo. 

En este primer momento del viaje nos encontramos con los personajes y momentos esenciales de los primeros momentos desde la concepción de Jesús. Vivir la Navidad de este año conociendo estos lugares ha supuesto para mi un cambio y una manera más intensa de vivirlo. 


miércoles, 11 de enero de 2023

Viaje a Tierra Santa (I)

Ha pasado más de un mes y todavía estoy digiriendo todo lo vivido en Tierra Santa. Fue un viaje espectacular, acercarme a los lugares que nos cuentan los Evangelios es algo que me ha ayudado y me seguirá ayudando en mi vida cristiana. Este año he vivido la Navidad de forma más intensa. Venir de esa tierra y ponerle imágenes a los sitios que nos cuentan los evangelistas es algo que hace que vivas con más intensidad estos momentos. Te sitúas donde estás leyendo o escuchando, es diferente.

Ha sido un viaje muy intenso y nos han quedado muchos sitios por ver, por lo que en unos años espero volver. Hemos vivido muy rápido y nos hemos dejado cosas por visitar. Especialmente me quedo con el regusto de no haber podido de disfrutar apenas de Nazaret. Nos comimos un buen atasco en el tránsito desde Jericó que apenas nos llegó a ver durante 20 minutos la Basílica de la Anunciación, y solo la parte inferior. Entiendo que en estas peregrinaciones hay sitios que están marcados para ir y otros que por acuerdos de las agencias con grupos locales artesanales hay que hacer. De las dos me gustó la que hicimos a los artesanos cristianos en Belén, hacían muchas cosas y nos trajimos todos recuerdos muy bonitos, colaborando con la gente que tan mal lo ha pasado. No me aportó nada la visita en Jericó a los productores de cremas y aceites.

En Jericó también estuvo el momento que más me marcó. El único domingo de la peregrinación, que coincidía con el segundo de Adviento participamos y nos unimos en la eucaristía con la comunidad local de Jericó. Una pequeña comunidad católica en una ciudad principalmente musulmana. Además, para ellos el domingo es un día de trabajo, por lo que doy más mérito a este grupo, que participa en la eucaristía dominical con entusiasmo y con alegría. Aunque no nos enteramos de mucho, la liturgia allí se celebra en árabe, hay cosas que se ven y traspasan cualquier idioma. Para mi fue una gran lección, para ellos ir a la iglesia es un motivo de alegría y desde los niños hasta mayores participan con alegría, se ve la ilusión de compartir el domingo con la comunidad en torno al altar. Contrasta con la rutina que veo en nuestra tierra, parece que es una obligación y vemos caras en nuestras misas que no tienen nada que ver.

Pude estar en los grandes lugares donde ocurrieron los grandes acontecimientos de la cristiandad y otros sitios no tan conocidos pero que tienen un gran valor para los cristianos. Todavía sigo asimilando todo lo vivido y gracias a internet estoy asimilando mejor, pues puedo seguir conociendo lugares en los que estuvimos muy poco tiempo, en los que las explicaciones fueron rápidas y en las últimas visitas del días el cansancio ya hacía mella. Como ya he dicho al principio, me gustaría volver, dentro de unos años, pues no es un viaje sencillo ni barato. Espero volver algún día y poder ver con más calma algunos sitios. Termino recomendando a todos los que estéis pensando en ir, que no lo dudéis, es una gran experiencia que vale la pena vivir al menos una vez en la vida.

El Camino de Santiago, verdadero camino en la Vida de un cristiano

 «Yo soy el camino y la verdad y la vida» (Jn. 14, 6), con estas palabras se dirige Cristo a alguno de sus apóstoles cuando les pide que les...