domingo, 18 de octubre de 2026

La importancia de la formación en el Directorio para la Catequesis

Comienzo explicando qué es el Directorio para la Catequesis. Se trata un documento oficial de la Iglesia, que no es muy conocido, pero debería presentarse en cualquier curso de iniciación para catequistas. Su finalidad es la orientación de la labor de los catequistas, dentro de la misión evangelizadora de la Iglesia. No es tan conocido como el Catecismo, documento que lo complementa y donde se pone de forma sistemática los conocimientos que los miembros que entran en un proceso de catequesis tienen que conocer, para poder llegar a adherirse a Jesucristo, que es el fin principal del proceso de catequesis. No se trata de alcanzar una serie de conocimientos sobre Jesucristo y de los dogmas de la Iglesia, sino de vivir según el estilo que Jesús nos dejó y se puede resumir en las Bienaventuranzas (Mt. 5, 3-12). El Directorio para la Catequesis actual fue publicado por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización en el año 2020, siendo el tercero que nos ofrece la Santa Sede, tras los publicados en 1971 y 1997. Así como el Catecismo es un documento que no necesita actualizarse, el Directorio debe adaptarse a los tiempo y a las nuevas realidades que vive la Iglesia y el mundo, para poder dar una respuesta a las situaciones cambiantes que se dan en la sociedad en la que nos toca vivir.

El actual directorio, al igual que los otros dos, da una gran importancia a la formación de los catequistas, como base para formar evangelizadores que transmitan la fe a los que están en proceso de crecimiento humano y divino. El Directorio dedica el capítulo cuarto a esta realidad, con un título que no deja lugar a dudas: "La formación de los catequistas", que comprende los puntos 130 a 156 del Directorio. Este capítulo cierra la primera de las tres partes en las que se divide este documento, que tiene como título general "La catequesis en la misión evangelizadora de la Iglesia". En el curso que estoy haciendo sobre el Ministerio del Catequista, para poder dar una mejor respuesta a los grupos a los que me toca acompañar, dentro del primero de los tres módulos (actualmente estoy con el segundo), había un bloque específico (o asignatura en el lenguaje escolar) dedicado a este capítulo. De las tres asignaturas que hice en ese módulo primero es la que más me gustó, pues las reflexiones que se nos proponían tenían que ver con el análisis de la formación recibida, la formación que se ofrece en la actualidad y cómo se debe presentar este proceso formativo a los catequistas de nuestras parroquias.

Dentro de todo el capítulo que dedica el Directorio a la formación me voy a centrar en esta entrada en lo que considero que es el punto central de este capítulo, que es el punto cuarto, que ocupa los puntos 136 a 150. Aquí nos presenta las tres dimensiones que debe cultivar el catequista para poder llegar a cumplir su tarea de una forma adecuada, teniendo en cuenta que cada una de las dimensiones responde a una de las tres funciones principales que debe cumplir el catequista (de acuerdo con el punto número 113 del actual directorio): ser (testigo de la fe y custodio de la memoria de Dios), saber (maestro y mistagogo que introduce en el misterio de Dios)  y saber estar (acompañante y educador de quienes le han sido confiados por la Iglesia). No debemos entender estas tres dimensiones como excluyentes entre sí, sino que deben complementarse dentro del proceso de formación, para poder dar respuesta de forma integral cuando realizamos nuestra misión como catequistas. Los catequistas son «personas que han experimentado el amor de Dios y, que por esta razón, se ponen al servicio del anuncio del Reino» (nº 138).

La primera dimensión es el "ser", que tiene que ver con la madurez humana y cristiana del ser, por lo que la formación ayuda a una disposición que tiene que ver con la vida del catequista. Se trata de cultivar una serie de habilidades para poder llegar a cumplir la misión de evangelizar a los niños, adolescentes, jóvenes o adultos. La maduración humana es propia de la persona, en su proceso de crecimiento y adquisición de unos valores y una conciencia en orden al bien. La madurez cristiana se adquiere con la formación, pero también con la oración y la celebración de los sacramentos, especialmente la eucaristía. Para poder ser testigos de la fe, se presupone que los catequistas tienen esa fe, no se puede transmitir algo que no se tiene. En último término, el catequista debe adquirir una «conciencia misionera», que no debe confundirse con la misión hacia fuera, los misioneros son parte de la misión de la Iglesia. En los países de tradición cristiana también hay muchos que son llamados a cumplir la misión de evangelizar.

Cuando hablamos del "saber" del catequista nos referimos a que debe adquirir una serie de conocimientos en diferentes aspectos de la vida cristiana. No debemos pensar que el catequista debe ser un gran teólogo, pero debe tener unos conocimientos suficientes en aspectos bíblicos, teológicos y de moral católica. Como maestro que introduce en el Misterio, debe conocerlo, para poder transmitirlo. El kerigma o primer anuncio es la base que deben tener presentes los catequistas, entendido no como el primero sino el principal de los anuncios a transmitir a los catecúmenos, que están realizando un recorrido en el conocimiento de la fe. Para anunciar el kerigma podemos partir de la exhortación de San Pablo en su primera carta a los cristianos de Corinto (15, 1-8). También debemos conocer algunos criterios básicos de las ciencias humanas, que nos permitan saber transmitir el mensaje a las personas que el Señor ha puesto en nuestro camino.

La tercera dimensión es el "saber hacer" se centra en la misión del catequista como educador y comunicador de la fe. Los catequistas transmitimos la fe a personas, en la mayoría de casos, que están en formación a nivel humano y cristiano. Debemos conocer nociones básicas de pedagogía y dirección de grupos, para transmitir el mensaje a nuestros grupos de acuerdo con los lenguajes actuales de nuestros catecúmenos. Igualmente, debemos conocer técnicas de comunicación que nos ayuden a acercarnos a los chicos y chicas que acompañamos en la catequesis. Igualmente, es importante que el catequista se sepa miembro de la comunidad, pues no estamos en una misión individual, sino que pertenecemos a la Iglesia fundada por Jesucristo, que nos envió junto al Padre al Espíritu Santo para transmitir la salvación a todas las generaciones. La fe es un acto individual, pero también eclesial, es decir, nuestra fe es personal, pero crece, madura y se transmite dentro de la Iglesia, cuerpo místico que tiene a Cristo por Cabeza.

domingo, 11 de octubre de 2026

La formación del (evangelizador) cristiano, desde mi experiencia propia

 Ahora que ya hemos comenzado el curso, tras un pequeño parón desde finales de agosto, quiero reflexionar sobre un aspecto que considero clave en la vida, como es la formación, en todos los ámbitos de la vida, también en el ámbito cristiano. Pongo entre paréntesis la palabra "evangelizador", porque considero que todos los cristianos, por el Bautismo estamos llamados a cumplir esta misión en la Iglesia, de acuerdo con la misión que Jesús dejó a los discípulos en la conclusión del Evangelio de Mateo (leer Mt. 28, 16-20). Aunque todos estamos llamados a esta misión, algunos hemos recibido de forma inmerecida el don del Espíritu Santo para llevar a cabo la tarea de evangelizar, en mi caso en la catequesis a los niños y adolescentes de la parroquia. Muchas veces esta misión se circunscribe a la catequesis preparatorias para los diferentes sacramentos, pero debemos ampliarla a todos los grupos de la parroquia, desde niños hasta ancianos. Recuerdo, y se me quedó grabada, la frase que nos dijo don Fidel (entonces Arzobispo de Burgos, hoy emérito) en su visita pastoral a la parroquia, en el momento en el que se reunió con los catequista, de que la formación cristiana es un proceso continuo que dura toda la vida y que afecta a todos los bautizados, desde los más pequeños hasta los más veteranos, tanto laicos, como religiosos y sacerdotes (y obispos).

He de reconocer que yo solo me he preparado de forma específica en los últimos años, por eso quiero poner este tema encima de la mesa, por si puede llegar a la mayor cantidad posible de personas que estén interesados, especialmente pensando en los adolescentes y jóvenes de la unidad parroquial, que nos reunimos los viernes por la tarde-noche. Algunos de ellos están empezando a ser catequistas y otros nos acompañan en las convivencias para echar una mano a los catequistas. Cuando he reflexionado sobre ello, me doy cuenta que siempre he pertenecido a la parroquia. En mi juventud acudía más de manera rutinaria que comprometida, participando en convivencias y campamentos, además de la catequesis y de confirmación y las reuniones en grupos de jóvenes. 

El hecho de tener, en esos momentos, una potente asociación juvenil, unida a mi formación en el campo del ocio y el tiempo libre (como monitor y animador socio-cultural), me hacía tener una sensación de que la pastoral juvenil se trabajaba a través de dinámicas y actividades en este ámbito. Mis primeras catequesis tenían un carácter más de animación de grupo que de preparación para la vida comunitaria y sacramental. Con el tiempo (y el alejamiento en edad de los chicos y chicos que acompañaba en la catequesis) que por este punto ya no llegaba a ellos de la misma forma. Además, la catequesis de confirmación ha nivel diocesano cambió de un proceso en el que la confirmación se confería en torno a los 16 años a otro proceso en el que los chicos y chicas que hacen la comunión continúan el proceso formativo, hasta que la confirmación la reciben en torno a los 12 años. Esto también supuso un cambio para mí, siempre acostumbrado a estar con jóvenes. El primer grupo que tuve de confirmación a esta edad más temprana, además coincidió que fue en abril de 2021, con el último año de preparación afectado por la pandemia del coronavirus, con restricciones de movilidad, sin poder vernos las caras por las mascarillas... Fue un año complicado en el que no me sentí a gusto y considero que no pude ayudar adecuadamente a ese grupo en su proceso de crecimiento personal. 

Por todo ello, considero que la formación es un elemento fundamental para todos aquellas que estamos encargados de acompañar a grupos en su camino de evangelización, especialmente cuando los que acompañamos son niños y pre-adolescentes. Creo que también es importante la experiencia, pero la formación, además de la oración y la presencia en las eucaristías, es el camino que hace que los cristianos podamos acercarnos más a Dios y poder transmitirlo a los que nos acompañan. En los últimos años me estoy formando, no para quedarme con una serie de conocimientos, sino para poder transmitirlos, el tesoro de la fe no es para quedárselo uno mismo, sino para transmitirlo a los que nos rodean, cumpliendo la misión que he comentado al principio y que procede del propio Jesús (cf. Mt. 28, 16-20). Lo mismo que una luz no se esconde debajo de una mesa, porque su función de iluminar no podría darse (cf. Mt. 5, 15), los conocimientos que uno recibe, especialmente cuando son sobre la Buena Noticia de la salvación, no pueden quedarse en el interior de uno mismo, sino que debe transmitirse a los demás. Debemos seguir las enseñanzas de San Pablo: «El hecho de predicar no es para mi motivo de orgullo. No tengo más remedio y, ¡ay de mi si no anuncio el Evangelio!» (1 Cor. 9, 16).

La formación cristiana no se circunscribe a un solo ámbito, sino que son muchos los ámbitos en los que formarse, teniendo cada uno bautizado la posibilidad de formarse de acuerdo con los dones que ha recibido del Espíritu Santo. Además, de acuerdo con los nuevos tiempos, las posibilidades formativas son mayores, pues hay muchas opciones online que permiten que podamos adecuar esta formación a nuestra vida diaria. Bien es cierto que la formación presencial es más enriquecedora, porque permite una interacción más directa con los que nos rodean, pero la posibilidad de poder formarnos cuando tenemos tiempo es una ventaja que tenemos que aprovechar. En un siguiente artículo analizaré la formación que he recibido y la que estoy cursando en la actualidad, dejando diferentes posibilidades y estando abierto a poder mostraros posibilidades a los que tengáis esa inquietud. Poder guiaros, desde la humildad de mis conocimientos y mi experiencia, es algo que no me cuesta y que tiene un claro beneficio, que es acercar el «Reino de los Cielos» a todo aquel que lo busque, dentro de un mundo y una sociedad, donde cada vez es menos frecuente hablar de Dios y conocer su fuerza salvadora.

lunes, 24 de agosto de 2026

¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? (Mt. 16, 13)

En el Evangelio de este domingo nos encontramos con esta pregunta que Jesús hace a los discípulos. Estamos en tiempo de vacaciones y mucha gente no tiene tiempo para ir a misa. pero los evangelios de los domingos de veranos nos dejan muchas enseñanzas que muchos se pierden. Parece que cuando termina la catequesis o el curso escolar, ya no es importante el domingo, desde el punto de vista de la eucaristía. Por eso, mi reflexión de esta semana quiere traer a colación el pasaje del Evangelio de este domingo, para que nos haga pensar y no olvidar nuestra identidad en los meses de descanso vacacional. 

Se trata de una pregunta que si nos acercamos a la puerta de la iglesia y hacemos esta pregunta  nos encontraremos con múltiples respuestas, dependiendo de las personas a las que se la hagamos. Lo importante, lo que tenemos que meditar cada uno de nosotros, los bautizados, desde los pequeños que están recorriendo sus primeros pasos en la catequesis hasta los adultos y consagrados, con un camino de fe amplio y distinto, es la segunda pregunta, que les hace un poco más adelante. Ahora ya no se trata de que le digan lo que piensa la gente, sino que la pregunta es directa para ellos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mt. 16, 15). Es una pregunta que tenemos que hacernos cada uno de nosotros y llegar a una respuesta desde nuestra propia vivencia y nuestra propia fe. 

Cada uno puede tener una respuesta, que seguramente vaya cambiando a lo largo de nuestra vida. En nuestro camino de fe vamos descubriendo poco a poco los misterios del Señor. Desde mi perspectiva, no es la misma respuesta la que tenía de niño, cuando iba a misa con mis padres, que la que he podido tener en diferentes momentos de mi vida, incluso la que tengo en los últimos años o la que puedo tener ahora. El conocimiento de Jesucristo, centro de nuestra fe, es progresivo. A lo largo de los años, el cristiano se va formando, va pasando por diferentes etapas y va adquiriendo diferentes funciones, que le llevan a responder a esta pregunta de una forma más genérica o más directa.

El Evangelio nos dice la respuesta de Pedro, en este caso valiente y decidido, que toma la palabra y responde de forma contundente. No siempre veremos en el Evangelio a Pedro tan decidido y tan cercano al pensamiento del Señor. Todos conocemos sus negaciones en la casa del Sumo sacerdote. No hace falta ir tan lejos, simplemente mirando el evangelio del siguiente domingo, veremos cómo la conversación entre Pedro y Jesús tiene un tono diferente. En este caso, Jesús alaba la respuesta de Pedro, algo que no le ha revelado nadie de carne y hueso, sino que ha sido inspirado por el Espíritu Santo. La próxima semana, veremos como Jesús reprocha a Pedro que piense como un hombre y no desde la mentalidad de su Padre.

Os dejo esta segunda pregunta para que cada uno reflexione y pueda descubrir en Jesucristo al Salvador. Nosotros tenemos todos los evangelios y muchos textos que nos lo explican. Pedro responde desde una espiritualidad en formación, con el conocimiento del tiempo que había compartido con el Maestro, pero no conocía la experiencia de la Pasión, muerte y Resurrección. Tras la Resurrección y la efusión del Espíritu Santo, todo fue más sencillo para él (y el resto de los discípulos). 

sábado, 15 de agosto de 2026

Ante la Solemnidad de la Asuncion de la Virgen

Hoy sábado celebramos la solemnidad de la Asunción de la Virgen, una de las fiestas más populares, que tiene su eco en muchos pueblos y ciudades de España. Las solemnidades son las fiestas de mayor importancia de todo el año cristiano, siendo el Triduo Pascual, las celebraciones del Jueves Santo, Viernes Santo y Vigilia Pascual, el centro del año litúrgico, el centro de nuestra fe. Como dice San Pablo «Si Cristo no hubiera resucitado, vana es nuestra predicación y vana es nuestra fe» (1 Cir. 15, 14). Las solemnidades tienen un primer bloque donde se celebran los principales misterios de la vida de Cristo, además de la Semana Santa, la Navidad también cuenta con importantes solemnidad, además de otras distribuidas por el año litúrgico. También hay cuatro solemnidades dedicadas a la Virgen María y otras solemnidades en las que se recuerdan a los principales santos que se encontraron con Jesús, por ejemplo, las dedicadas a San Pedro y San Pablo, además de Santiago en nuestro país. 

Me quiero centrar en la celebración del 15 de agosto, citando las cuatro solemnidades que tienen como protagonista a la Virgen María. Como veremos a continuación, las cuatro tienen en común misterios de la vida de María, en relación con su Hijo. Jesús es el centro de nuestra fe y toda la vida de la Iglesia, desde los primeros años hasta la vuelta gloriosa, tienen como protagonista a la segunda persona de la Santísima Trinidad. La primera solemnidad que nos encontramos en el año tiene lugar el 1 de enero, el primer día del año la Iglesia celebra a María como Madre de Dios. Siguiendo el calendario, la siguiente es la Anunciación, que se celebra el 25 de marzo, nueve meses antes que la Navidad, salvo en los casos en los que este día cae en Semana Santa o la Octavo de Pascua (la semana completa entre el Domingo de Resurrección y el II Domingo de Pascua), que pasa a celebrarse el lunes siguiente a la Octava de Pascua. La última, es la Inmaculada Concepción, que se celebra en Adviento, el 8 de diciembre. Como vemos, estos tres misterios tienen que ver con la maternidad de María.

La fiesta que celebramos hoy tiene un trasfondo diferente, teniendo en cuenta que la Ascensión de María no sería entendible si no fuera la Madre de Jesucristo.  Dios quiso que la madre de Nuestro Señor no pasara por la muerte, sino que fuese elevada a los cielos en cuerpo y alma. Se trata de una festividad que no tiene siquiera un año en la vida de la Iglesia, pues este dogma de fe fue promulgado por el Papa Pio XII a partir de 1950. Se trata de un misterio que viene desde los tiempos de los apóstoles. Los que hemos tenido la suerte de visitar Tierra Santa, hemos visto cerca de Getsemaní la Abadía de la Dormición de la Virgen María, por lo que ya los primeros cristianos veneraban la imagen de la Virgen María como fundamento del comienzo de la Iglesia.

El Evangelio que se proclama en esta fiesta está tomado del primer capítulo del Evangelio de Lucas (1, 39-56), en los que se relata la Visitación de María a su prima Isabel, que la alaba sobre todas las criaturas por ser la Madre de Dios. Igualmente, este pasaje evangélico recoge la oración conocida como Magnificat, donde la Virgen proclama su grandeza por ser la Madre del Señor. La Iglesia nos presenta la Virgen María, desde la humildad, en su papel de madre y primera discípula. Nunca ha querido tomar el protagonismo, sabe que su figura es un elemento importante, pero visto siempre desde Jesucristo. No se puede entender ninguno de los misterios de la Virgen sin la intervención de Dios, que la eligió sobre toda mujer para ser la Madre de su Hijo.

Pidamos, pues, a la Madre del cielo, que interceda por nosotros ante su Hijo y sea para nosotros ejemplo de humildad, entrega y servicio a la Iglesia, a imitación de lo que ella hizo en la tierra.


jueves, 6 de agosto de 2026

La Fiesta de la Transfiguración, la luz del Tabor antecede la gloria de Dios

A lo largo del año litúrgico iré recorriendo algunas de las fiestas que considero importantes y que pueden no ser sencillas de entender. Hoy celebramos la fiesta de la Transfiguración, que la tradición de la Iglesia ha asociado al Monte Tabor, aunque la Escritura solo habla de un monte alto. Los que hemos tenido la suerte de conocer Tierra Santa, vemos como el Tabor es el único monte en mitad de la llamada Baja Galilea. Ascender hasta su cima no es algo sencillo y lo que nos encontramos es el silencio de una basílica, que se ve detrás mío en la fotografía que se ve al final de esta entrada. No está dentro de una localidad, los únicos habitantes que hay son los franciscanos que viven en el convento junto a la basílica. Para acceder hasta la cima solo hay una posibilidad, si no quieres subir a pie, que es un largo camino. A las faldas del monte, unos pequeños microbuses son los únicos que pueden subir, dada la dificultad del terreno, que son conducidos por conductores de la zona, perfectamente autorizados por las autoridades.

El pasaje de la Transfiguración está recogido por los tres evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Juan) en un momento en el que Jesús deja el Mar de Galilea para ir a Jerusalén. Este evangelio se proclama dos veces durante el año litúrgico, lo que demuestra la importancia de este momento. El primero de ellos en el segundo domingo de Cuaresma, el segundo en su fiesta, que celebramos en esta fecha. Cada una de las dos celebraciones tiene elementos comunes, pero cada uno de ellos tiene sus propias especificidades. En Cuaresma, junto con los anuncios de la Pasión, muestra a los discípulos la esperanza y anticipa la gloria de Jesús. En la festividad que hoy celebramos, destaca la importancia de la divinidad de Jesucristo, expresada por la voz que viene desde el cielo.

Comparto mi reflexión a la luz de lo que medité en mi pasado camino de Santiago, el tramo que hice en septiembre de 2025, donde elegí este texto para que me guiase en mi caminar físico y espiritual. El pasaje comienza con Jesús subiendo al monte con tres discípulos: Pedro, Santiago y Juan. No es el único momento en el que los evangelistas destacan a Jesús yendo a un lugar apartado con estos tres discípulos, por ejemplo, los volveremos a ver en Getsemaní. Son los tres discípulos más cercanos a Jesús, que están presentes en momentos decisivos para la vida del Salvador. También considero importante el hecho de que elijan un lugar apartado, donde la tranquilidad permita a Jesús dejar la enseñanza directamente sobre estos tres "elegidos", lejos de la multitud que nos presenta el Evangelio en otros muchos lugares. Este clima de intimidad permite a Jesús presentar su mensaje a unos pocos, que serán los encargados de liderar la comunidad cuando Jesús vuelva junto al Padre, con la guía del Espíritu Santo.

En un momento del evangelio aparece Jesús con dos personajes claves del Antiguo Testamento: Moisés y Jesús. La basílica actual está construida de forma que la nave central, mucho más grande, está dedicada a Jesús, y dos pequeñas capillas laterales están dedicadas a Moisés y Elías. Estos dos personajes representan los elementos más importantes del Antiguo Testamento, en Moisés está representada la Torá, la Ley judía, que para los judíos es clave, lo que nosotros conocemos como Pentateuco (los primeros libros de la Biblia). Escuchando a primera hora la reflexión que hace @curadetoledo en Youtube, he caído en un detalle clave: Dios no permite a Moisés en vida conocer su gloria, pero en esto momento, presenta la gloria de Jesús antes de su Pasión. Junto a ellos está Elías, que representa a los profetas. Aunque no tenga libro propio, es considerado el más importante de los profetas y su figura es clave para entender el judaísmo. Además de los libros proféticos que tenemos en nuestras biblias, los judíos incluyen dentro del profetismo (profetas anteriores) los libros que van entre Josué y Reyes, que las biblias cristianas incluyen dentro de los libros históricos. Un último aspecto sobre estos dos personajes, al igual que el Tabor, la historia de Moisés y Elías está asociada a diferentes montes: Sinaí y Nevo en el caso del primero, Carmelo y Horeb en el segundo.

Un tercer aspecto importante es la teofanía, la voz de Dios que viene desde la nube. En los evangelios solo nos encontramos la voz del Padre en dos ocasiones, las dos con un mismo significado y con unos elementos comunes. El primero de ellos es en el Bautismo, al comienzo del ministerio público de Jesús. La segunda en este momento, en su viaje a Jerusalén para «entregarse por nosotros». En los dos casos, la presentación que hace el Padre de Jesús es la misma: «este es mi Hijo amado, en quien me complazco», a lo que Mateo añade en el segundo caso: «Escuchadlo». La voz del Padre que viene de lo alto es algo más habitual en el Antiguo Testamento, como Moisés y Elías se dan algunos de estos momentos, conocidos como «teofanías». En el Nuevo Testamento solo se produce en dos ocasiones, sobre la figura de Jesús, en dos momentos claves de su vida. Se trata de una forma de confortar la misión de Jesús, al principio de la misma y en un momento donde anuncia su persecución y su sufrimiento. EL Padre está con Él y así nos lo quieren mostrar los evangelistas.

Teológicamente no es un pasaje sencillo de entender, pues se trata de un texto muy profundo. Con estas pequeñas pautas espero que os ayude a reflexionar y situarlo en su contexto. Nosotros conocemos toda la historia de Jesús y la acogemos con fe. Me pongo en el lugar de esos discípulos, que lo vivieron en directo. No entendían muchas de las cosas que les decía Jesús. No las entendieron hasta el momento de la Resurrección, cuando recibieron la fuerza del Espíritu Santo en Pentecostés. Por eso, es entendible la reacción de Pedro, poco antes Mateo nos indica como el Señor le dice: «tu piensas como los hombres, no como Dios» (Mt. 16, 23). Por eso es comprensible esta reacción. Aunque tengamos fe, nuestras reacciones y pensamientos son las de los humanos, no pensamos como lo hacía Jesús, «verdadero Dios y verdadero hombre». Termino con una petición, que sepamos reconocer en este texto la gloria de Dios y lo llevemos a nuestra vida, para beneficio propio y de la comunidad.



 

miércoles, 29 de julio de 2026

Reflexionando a través de las palabras de Ferran Torres

El Mundial de fútbol que acaba de concluir, con la victoria de nuestra selección, ha sido un mundial donde los testimonios y expresiones de fe han sido una constante entre jugadores y entrenadores de distintas selecciones, de diferentes partes del mundo. En mi perfil de instagram he ido subiendo algunas de ellas que me han resultado interesantes. Estamos en un mundo donde tienden a relegar la fe, especialmente la católica a lo privado. En algunos ámbitos de la sociedad no está bien visto ser cristiano, te estigmatizan por ello, te señalan como el "rarito". Por eso, quiero destacar todo lo que he visto en este campeonato, para que sea un reflejo que pueda llegar a la sociedad. Especialmente es complicado en el mundo de los adolescentes y los jóvenes, el campo de la parroquia donde me muevo. El hecho de que personas con miles y millones de seguidores estén dando el paso, me parece un ejemplo que se debe valorar y llevar a la sociedad. Recuerdo en el Mundial a jugadores de los dos equipos, después de un partido, como se reunían en un corro a rezar, unos habían ganado y otros perdido, pero tenían claro que tenían que agradecer al Creador por estar allí, comparten mucho más de lo que les separa. También recuerdo a los integrantes de la selección de México, como se paraban delante de la Virgen de Guadalupe que había en un pequeño altar del estadio Azteca, para encomendar su esfuerzo a la Madre del Cielo.

En esta reflexión me quiero centrar en una palabras del futbolista español Ferran Torres: «Si Dios no te da las cosas cuando pides, es porque tiene algo mejor para tí». El jugador había sido objeto de burlas y críticas de los aficionados, entre los que me incluyo, por fallar goles aparentemente sencillos desde el sofá. Pero él siguió perseverando, creyendo en su trabajo y fue recompensado con la mayor de las glorias que puede tener un futbolista, marcar el gol que hacía a su selección campeona del mundo. Es una frase que puedo aplicar perfectamente a mi vida, muchas veces me siento frustrado porque no consigo lo que me propongo en catequesis o con los jóvenes. Recuerdo como la Escritura nos presenta el libro de Job, muchas veces me he sentido identificado con este personaje. No entiendo porque tratando de hacer el bien no consigo nada y veo a mi alrededor a auténticos "jetas" que tienen una vida aparentemente maravillosa.

En este momento estoy viendo como el trabajo de tantos años está siendo recompensado con un grupo de adolescentes y jóvenes que me ha llevado a ir todos los viernes a la parroquia, cansado tras el trabajo, pero alegre porque me voy a encontrar con un grupo vivo. Recuerdo como hace tres años, en una conversación con varios sacerdotes, uno de ellos decía que no sabía a qué iba a llegar el trabajo con este grupo, pero que mientras estos chicos y chicas estuvieran en la parroquia los viernes por la noche, estarían alejados de peligros como el botellón, tan habitual entre la juventud, a falta de otras alternativas de ocio. Mirando las fotos de esos días, me puedo alegrar que, además del crecimiento humano, estos chicos y chicas han tenido una maduración cristiana y están dando pasos para que otros niños y adolescentes puedan tener las posibilidades de crecimiento que ellos han adquirido.

Vuelvo con una nueva alusión a la Sagrada Escritura, que debe ser la fuente principal de crecimiento para los cristianos. Nuestro párroco, en reuniones con catequistas, nos hablaba de que nuestra función era la del sembrador de la parábola. Los catequistas tenemos la misión de sembrar en los chicos y chicas que pasan por nuestros grupos la semilla del Reino. Desde una mentalidad humana, queremos recoger los frutos rápidamente y llegan frustraciones cuando no lo conseguimos; recoger los frutos no es cosa nuestra, es Dios quien lo lleva a cabo. Recuerdo la cita de San Pablo que los obispos dicen a los sacerdotes y diáconos en el momento de su ordenación: «Esta es nuestra confianza, que el que ha inaugurado entre vosotros esta buena obra, la llevará adelante hasta el Día de Cristo Jesús» (Flp. 1, 6). Nuestra confianza debe estar puesta en Él, que el "Unigénito" y "Enviado del Padre", pero también es agradable ver como se van recogiendo frutos, que han plantado otros. Trabajar por el Reino, no es un privilegio, como vemos en el Evangelio, sino un servicio. Ver que se están consiguiendo frutos es un privilegio, que anima a seguir y apostar por lo que realmente vale la pena. 

Por eso, esta frase de Ferrán debe ser una frase para recordar, no todo se consigue de forma inmediata, pero el tiempo hace que se consiga mucho más de lo que se deja atrás. El pasado domingo, el Evangelio nos presentaba las parábolas del tesoro escondido y la perla preciosa. Son dos parábolas muy cortas, que puede costar comprenderla, a mi me ha pasado. Muchas veces nos centramos en los pequeños placeres de la vida, pero no nos damos cuenta de lo más grande que tenemos. Renunciar a esos pequeños placeres tiene como premio el mayor placer que puede tener uno en esta vida. La reflexión que hizo Ferrán el otro día, puede entenderse desde esta enseñanza que nos deja Mateo en su evangelio. Todo pasa por algo y para conseguir algo en la vida vendrán momentos malos que no comprendemos. Nuestra misión es sembrar, sabiendo que el "dueño de la mies" es el que se encarga de recoger y dar los frutos.

sábado, 25 de julio de 2026

Vuelvo con este proyecto, espero que sea un caminar fructífero

La semana pasada pude acompañar, de forma fugaz, al grupo arciprestal que realizó la parte final del Camino de Santiago. Este año no pude ir toda la semana, a última hora pude sacar unos días para ir de viernes a domingo. Ese fin de semana fue el colofón a un curso muy positivo a nivel parroquial, que me ha dado un nuevo impulso en mi vida como catequista y evangelizador. He vuelto a disfrutar en la parroquia, con un grupo de post-confirmación que ha hecho que mis viernes por la tarde-noche tuvieran otro sentido. Por eso, porque parte de ese grupo es el que ha ido al Camino, es por lo que luché para poder ir al Camino, aunque fuese solo a realizar la última etapa. tirándome muchas horas entre trenes y autobuses. Puedo decir que ha valido la pena, el sábado pasado fue un día que recordaré, pues pude realizar la etapa completa, siguiendo el ritmo del grupo y sintiéndome muy bien. Sabía que podía completar la etapa, pero mi único temor era no poder ir al ritmo del grupo y retrasarles, después de que ellos llevasen andando todas las semanas. Andando y compartiendo pasos con el grupo se viven más emociones y conversaciones espontáneas con quien está a tu lado.

El Camino de Santiago ha sido un gran aprendizaje en mi vida cristiana. La primera experiencia no fue positiva, no me preparé y mis tobillos no aguantaron. En los últimos años he acompañado a ocho grupos de la parroquia durante una semana en esta aventura. Mi misión no era andar, además de que mi físico no me lo permitía. Al principio no entendía cual era mi función, pero en el segundo año empecé a comprender cual era mi misión. Aunque no lo comprendía y mucha gente decía que esto no era hacer el Camino, gracias a las conversaciones supe que era importante que yo me cuidase, porque el grupo podía necesitar de mi. El tercer año fue diferente, pero ya más consciente de lo que tenía que hacer, ya no me centraba en lo que decían los demás, sino en ser parte del grupo y acompañarles. Esa función de acompañamiento, tan importante en la catequesis, creo que la he aprendido con los grupos en el Camino de Santiago.

Llegó el parón por la pandemia y los dos siguientes años solo pude estar el fin de semana, pues el trabajo me impidió estar toda la semana. La verdad es que me costó, pero estar el fin de semana en Santiago, aunque fueran una horas y contemplar la grandiosidad de esa Catedral siempre me ha hecho bien. Los dos veranos anteriores pude volver al trayecto completo. Había una diferencia, pues antes de la pandemia, en los tres grupos había gente que había tenido en catequesis. En el año 2024, el grupo apenas le conocía, pero me sentí bastante a gusto. Al volver de Galicia, empecé a prepararme para comenzar a preparar mi camino personal, que comencé en septiembre al realizar el trayecto entre Roncesvalles y Logroño. En 2025 me apetecía mucho, pues le tocaba a un grupo que tuve en catequesis, que se confirmó en 2021 y el último año fue duro para el grupo y para mí; la pandemia, las restricciones que tuvimos, hicieron que fuese un curso complicado. Me quedé con buen sabor de boca, con un grupo que ya no eran unas niñas y quedarme con mejor sensación.

En 2026 el Camino ha sido diferente, tras la confirmación en febrero surgió un grupo que se ha complementado muy bien. Han ido volviendo gente más mayor y se ha ido formando un grupo muy bueno con gente desde los 12 hasta los 17-18 años. Los más mayores son los que han ido al Camino, con los más pequeños espero que en unos años pueda compartir esta experiencia. Tras un año complicado por la enfermedad, encontrarme con este grupo me ha servido para sentirme mejor. A esto se une que el grupo que acompaño camino de la Confirmación entra en el curso donde recibirán la gracia. Es un momento en el que me veo más maduro, con mayores conocimientos por los cursos que he realizado en los últimos años y con la confianza en poder transmitirlo a los demás. Es algo que no me puedo guardar para mí, como dice San Pablo: «¡ay de mi si no anuncio el Evangelio!» (1 Cor. 9, 16)

Por todo ello, este proyecto vuelve con fuerza y con un enfoque claro, poder llegar a trasmitir lo que he aprendido y vivido en la iglesia, centrándome en esos rostros y personas concretas. Pensando en ellas, puedo acercarme a otras muchas. No quiero que esto sea algo impersonal, sino que, en personas concretas, llegar a transmitir la Buena Noticia del Evangelio a quien esté interesado en ello. No comienzo de 0 mi aventura en el blog. He querido dejar las cinco entradas que puse en su momento sobre mi Peregrinación a Tierra Santa. Es un viaje que siempre quedará en mi recuerdo y dejo todo aquello que escribí en su momento. También dejo la entrada que hice sobre el proyecto "Dejad que los niños se acerquen a mí". En estos tres años desde que publiqué la noticia ha salido el cuarto libro, el que faltaba para completar la colección. Me parece una propuesta muy interesante para poder trabajar en catequesis. El cuarto libro, además, ayuda a realizar actividades sobre los textos evangélicos en sesiones de catequesis, encuentros y convivencias.

La importancia de la formación en el Directorio para la Catequesis

Comienzo explicando qué es el Directorio para la Catequesis. Se trata un documento oficial de la Iglesia, que no es muy conocido, pero deber...