En el Evangelio de este domingo nos encontramos con esta pregunta que Jesús hace a los discípulos. Estamos en tiempo de vacaciones y mucha gente no tiene tiempo para ir a misa. pero los evangelios de los domingos de veranos nos dejan muchas enseñanzas que muchos se pierden. Parece que cuando termina la catequesis o el curso escolar, ya no es importante el domingo, desde el punto de vista de la eucaristía. Por eso, mi reflexión de esta semana quiere traer a colación el pasaje del Evangelio de este domingo, para que nos haga pensar y no olvidar nuestra identidad en los meses de descanso vacacional.
Se trata de una pregunta que si nos acercamos a la puerta de la iglesia y hacemos esta pregunta nos encontraremos con múltiples respuestas, dependiendo de las personas a las que se la hagamos. Lo importante, lo que tenemos que meditar cada uno de nosotros, los bautizados, desde los pequeños que están recorriendo sus primeros pasos en la catequesis hasta los adultos y consagrados, con un camino de fe amplio y distinto, es la segunda pregunta, que les hace un poco más adelante. Ahora ya no se trata de que le digan lo que piensa la gente, sino que la pregunta es directa para ellos: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mt. 16, 15). Es una pregunta que tenemos que hacernos cada uno de nosotros y llegar a una respuesta desde nuestra propia vivencia y nuestra propia fe.
Cada uno puede tener una respuesta, que seguramente vaya cambiando a lo largo de nuestra vida. En nuestro camino de fe vamos descubriendo poco a poco los misterios del Señor. Desde mi perspectiva, no es la misma respuesta la que tenía de niño, cuando iba a misa con mis padres, que la que he podido tener en diferentes momentos de mi vida, incluso la que tengo en los últimos años o la que puedo tener ahora. El conocimiento de Jesucristo, centro de nuestra fe, es progresivo. A lo largo de los años, el cristiano se va formando, va pasando por diferentes etapas y va adquiriendo diferentes funciones, que le llevan a responder a esta pregunta de una forma más genérica o más directa.
El Evangelio nos dice la respuesta de Pedro, en este caso valiente y decidido, que toma la palabra y responde de forma contundente. No siempre veremos en el Evangelio a Pedro tan decidido y tan cercano al pensamiento del Señor. Todos conocemos sus negaciones en la casa del Sumo sacerdote. No hace falta ir tan lejos, simplemente mirando el evangelio del siguiente domingo, veremos cómo la conversación entre Pedro y Jesús tiene un tono diferente. En este caso, Jesús alaba la respuesta de Pedro, algo que no le ha revelado nadie de carne y hueso, sino que ha sido inspirado por el Espíritu Santo. La próxima semana, veremos como Jesús reprocha a Pedro que piense como un hombre y no desde la mentalidad de su Padre.
Os dejo esta segunda pregunta para que cada uno reflexione y pueda descubrir en Jesucristo al Salvador. Nosotros tenemos todos los evangelios y muchos textos que nos lo explican. Pedro responde desde una espiritualidad en formación, con el conocimiento del tiempo que había compartido con el Maestro, pero no conocía la experiencia de la Pasión, muerte y Resurrección. Tras la Resurrección y la efusión del Espíritu Santo, todo fue más sencillo para él (y el resto de los discípulos).
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