La semana pasada pude acompañar, de forma fugaz, al grupo arciprestal que realizó la parte final del Camino de Santiago. Este año no pude ir toda la semana, a última hora pude sacar unos días para ir de viernes a domingo. Ese fin de semana fue el colofón a un curso muy positivo a nivel parroquial, que me ha dado un nuevo impulso en mi vida como catequista y evangelizador. He vuelto a disfrutar en la parroquia, con un grupo de post-confirmación que ha hecho que mis viernes por la tarde-noche tuvieran otro sentido. Por eso, porque parte de ese grupo es el que ha ido al Camino, es por lo que luché para poder ir al Camino, aunque fuese solo a realizar la última etapa. tirándome muchas horas entre trenes y autobuses. Puedo decir que ha valido la pena, el sábado pasado fue un día que recordaré, pues pude realizar la etapa completa, siguiendo el ritmo del grupo y sintiéndome muy bien. Sabía que podía completar la etapa, pero mi único temor era no poder ir al ritmo del grupo y retrasarles, después de que ellos llevasen andando todas las semanas. Andando y compartiendo pasos con el grupo se viven más emociones y conversaciones espontáneas con quien está a tu lado.
El Camino de Santiago ha sido un gran aprendizaje en mi vida cristiana. La primera experiencia no fue positiva, no me preparé y mis tobillos no aguantaron. En los últimos años he acompañado a ocho grupos de la parroquia durante una semana en esta aventura. Mi misión no era andar, además de que mi físico no me lo permitía. Al principio no entendía cual era mi función, pero en el segundo año empecé a comprender cual era mi misión. Aunque no lo comprendía y mucha gente decía que esto no era hacer el Camino, gracias a las conversaciones supe que era importante que yo me cuidase, porque el grupo podía necesitar de mi. El tercer año fue diferente, pero ya más consciente de lo que tenía que hacer, ya no me centraba en lo que decían los demás, sino en ser parte del grupo y acompañarles. Esa función de acompañamiento, tan importante en la catequesis, creo que la he aprendido con los grupos en el Camino de Santiago.
Llegó el parón por la pandemia y los dos siguientes años solo pude estar el fin de semana, pues el trabajo me impidió estar toda la semana. La verdad es que me costó, pero estar el fin de semana en Santiago, aunque fueran una horas y contemplar la grandiosidad de esa Catedral siempre me ha hecho bien. Los dos veranos anteriores pude volver al trayecto completo. Había una diferencia, pues antes de la pandemia, en los tres grupos había gente que había tenido en catequesis. En el año 2024, el grupo apenas le conocía, pero me sentí bastante a gusto. Al volver de Galicia, empecé a prepararme para comenzar a preparar mi camino personal, que comencé en septiembre al realizar el trayecto entre Roncesvalles y Logroño. En 2025 me apetecía mucho, pues le tocaba a un grupo que tuve en catequesis, que se confirmó en 2021 y el último año fue duro para el grupo y para mí; la pandemia, las restricciones que tuvimos, hicieron que fuese un curso complicado. Me quedé con buen sabor de boca, con un grupo que ya no eran unas niñas y quedarme con mejor sensación.
En 2026 el Camino ha sido diferente, tras la confirmación en febrero surgió un grupo que se ha complementado muy bien. Han ido volviendo gente más mayor y se ha ido formando un grupo muy bueno con gente desde los 12 hasta los 17-18 años. Los más mayores son los que han ido al Camino, con los más pequeños espero que en unos años pueda compartir esta experiencia. Tras un año complicado por la enfermedad, encontrarme con este grupo me ha servido para sentirme mejor. A esto se une que el grupo que acompaño camino de la Confirmación entra en el curso donde recibirán la gracia. Es un momento en el que me veo más maduro, con mayores conocimientos por los cursos que he realizado en los últimos años y con la confianza en poder transmitirlo a los demás. Es algo que no me puedo guardar para mí, como dice San Pablo: «¡ay de mi si no anuncio el Evangelio!» (1 Cor. 9, 16)
Por todo ello, este proyecto vuelve con fuerza y con un enfoque claro, poder llegar a trasmitir lo que he aprendido y vivido en la iglesia, centrándome en esos rostros y personas concretas. Pensando en ellas, puedo acercarme a otras muchas. No quiero que esto sea algo impersonal, sino que, en personas concretas, llegar a transmitir la Buena Noticia del Evangelio a quien esté interesado en ello. No comienzo de 0 mi aventura en el blog. He querido dejar las cinco entradas que puse en su momento sobre mi Peregrinación a Tierra Santa. Es un viaje que siempre quedará en mi recuerdo y dejo todo aquello que escribí en su momento. También dejo la entrada que hice sobre el proyecto "Dejad que los niños se acerquen a mí". En estos tres años desde que publiqué la noticia ha salido el cuarto libro, el que faltaba para completar la colección. Me parece una propuesta muy interesante para poder trabajar en catequesis. El cuarto libro, además, ayuda a realizar actividades sobre los textos evangélicos en sesiones de catequesis, encuentros y convivencias.
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