En mi entrada de hoy me quiero centrar en los dos primeros días, en las que visité Belén y Ain Karem, ciudades que marcan los acontecimientos de la infancia de Jesús y su primo Juan Bautista, el último profeta. Para entrar en el país la entrada más habitual es el aeropuerto de Tel Aviv, tras un viaje largo, hasta que llegas al autobús los trámites son pesados y en un grupo grande tienes que esperar a que todo el mundo los haga y que nadie se pierda en un aeropuerto en el que hay muchos viajes.
Lo primero que hicimos fue ir a Jerusalén, pues llegamos un viernes y ya estaba anocheciendo. Por eso pudimos contemplar el sabbat judío. La gran celebración semanal de los judío empieza en cuanto llega la noche del viernes, ellos entienden los días en cuanto llega la noche, no de acuerdo a nuestro horario. Se reúnen en torno al Muro de las Lamentaciones para rezar. Está bien verlo una vez en la vida, pero como cristiano no era lo que más me ilusión me hizo durante el viaje. Pero entiendo que ir a verlo está bien, más cuando teníamos tiempo.
Este viernes llegamos a Belén y tras alojarnos tuvimos la cena. Los horarios allí no son como aquí. Lo primero que llama la atención es que anochece muy pronto, también amanece pronto. Tras la cena nos dirigimos a la Iglesia del Campo de los Pastores, donde celebramos la eucaristía. Es el lugar donde los pastores recibieron la visita del ángel que les anunció el nacimiento del Salvador. Era ya de noche y no pudimos ver nada, al día siguiente hicimos una visita rápida porque estaba al lado del restaurante donde comimos. Después vuelta al hotel, un breve momento de encuentro y a dormir.
Al día siguiente tuvimos la mañana en Belén y la tarde en Ain Karem. En Belén visitamos la Basílica de la Anunciación, celebramos la eucaristía y pudimos visitar la basílica, adorando el lugar donde estuvo presente el pesebre de Jesús. Impresiona tener que agacharse para entrar, a la misma, una puerta que se hizo de esa forma para evitar la entrada a caballo de asaltantes, pero que tiene un significado especial: sentirse humildes y pequeños ante la magnitud del acontecimiento que ocurrió en este lugar. Después visitamos la Gruta de la Leche, el lugar donde se dice que la Sagrada Familia se escondió antes de partir a Egipto, que toma su nombre porque se cayó una gota de leche mientras la Virgen amamantaba a Jesus. Terminamos nuestra visita en un colegio-residencia que tienen las religiosas del Verbo Encarnado, donde viven y son educados niños pobres, de la calle y huérfanos. La verdad que impresiona lo que nos contaron las hermanas y lo que importan en muchos casos los niños, especialmente los que tienen alguna situación no común a nivel físico o mental.
La tarde la pasamos en Ain Karem, siendo el protagonista Juan Bautista y su madre Isabel, que recibió la visita de su prima la Virgen cuando estaba embarazada del Señor. El primer lugar que visitamos fue la iglesia donde nació Juan Bautista. No pudimos hacer una visita completa, pues está en restauración, pero si pudimos acercarnos al punto exacto donde se venera el nacimiento del último profeta. En el exterior de la misma nos podemos encontrar la oración del Benedictus, escrita en muchos idiomas. Esta oración se atribuye a Zacarias, padre de Juan, que dijo tras meses sin hablar ante la incredulidad de que fueran a tener un hijo, al ser Isabel y él personas de edad avanzada que no habían podido ser padres. Después subimos a la Basílica de la Visitación, el lugar donde se produjo el encuentro entre María y su prima Isabel. Aquí también destaca otra gran oración como es el Magnificat, pronunciado por la Virgen ante el recibimiento de su prima, que también está colgada en diferentes idiomas en los muros que protegen el complejo.
En este primer momento del viaje nos encontramos con los personajes y momentos esenciales de los primeros momentos desde la concepción de Jesús. Vivir la Navidad de este año conociendo estos lugares ha supuesto para mi un cambio y una manera más intensa de vivirlo.
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