Ha pasado más de un mes y todavía estoy digiriendo todo lo vivido en Tierra Santa. Fue un viaje espectacular, acercarme a los lugares que nos cuentan los Evangelios es algo que me ha ayudado y me seguirá ayudando en mi vida cristiana. Este año he vivido la Navidad de forma más intensa. Venir de esa tierra y ponerle imágenes a los sitios que nos cuentan los evangelistas es algo que hace que vivas con más intensidad estos momentos. Te sitúas donde estás leyendo o escuchando, es diferente.
Ha sido un viaje muy intenso y nos han quedado muchos sitios por ver, por lo que en unos años espero volver. Hemos vivido muy rápido y nos hemos dejado cosas por visitar. Especialmente me quedo con el regusto de no haber podido de disfrutar apenas de Nazaret. Nos comimos un buen atasco en el tránsito desde Jericó que apenas nos llegó a ver durante 20 minutos la Basílica de la Anunciación, y solo la parte inferior. Entiendo que en estas peregrinaciones hay sitios que están marcados para ir y otros que por acuerdos de las agencias con grupos locales artesanales hay que hacer. De las dos me gustó la que hicimos a los artesanos cristianos en Belén, hacían muchas cosas y nos trajimos todos recuerdos muy bonitos, colaborando con la gente que tan mal lo ha pasado. No me aportó nada la visita en Jericó a los productores de cremas y aceites.
En Jericó también estuvo el momento que más me marcó. El único domingo de la peregrinación, que coincidía con el segundo de Adviento participamos y nos unimos en la eucaristía con la comunidad local de Jericó. Una pequeña comunidad católica en una ciudad principalmente musulmana. Además, para ellos el domingo es un día de trabajo, por lo que doy más mérito a este grupo, que participa en la eucaristía dominical con entusiasmo y con alegría. Aunque no nos enteramos de mucho, la liturgia allí se celebra en árabe, hay cosas que se ven y traspasan cualquier idioma. Para mi fue una gran lección, para ellos ir a la iglesia es un motivo de alegría y desde los niños hasta mayores participan con alegría, se ve la ilusión de compartir el domingo con la comunidad en torno al altar. Contrasta con la rutina que veo en nuestra tierra, parece que es una obligación y vemos caras en nuestras misas que no tienen nada que ver.
Pude estar en los grandes lugares donde ocurrieron los grandes acontecimientos de la cristiandad y otros sitios no tan conocidos pero que tienen un gran valor para los cristianos. Todavía sigo asimilando todo lo vivido y gracias a internet estoy asimilando mejor, pues puedo seguir conociendo lugares en los que estuvimos muy poco tiempo, en los que las explicaciones fueron rápidas y en las últimas visitas del días el cansancio ya hacía mella. Como ya he dicho al principio, me gustaría volver, dentro de unos años, pues no es un viaje sencillo ni barato. Espero volver algún día y poder ver con más calma algunos sitios. Termino recomendando a todos los que estéis pensando en ir, que no lo dudéis, es una gran experiencia que vale la pena vivir al menos una vez en la vida.
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