«Yo soy el camino y la verdad y la vida» (Jn. 14, 6), con estas palabras se dirige Cristo a alguno de sus apóstoles cuando les pide que les muestre el camino. El Camino de Santiago es un verdadero camino de vida para encontrarse como cristiano. Son muchas las motivaciones para realizar el Camino, pero esa debe ser la meta para los cristianos, peregrinar hasta la tumba del Apóstol Santiago, el amigo del Señor, el primer evangelizador en la Península Ibérica. Son muchas las rutas que llegan hasta Compostela, algunas más famosas y otras, menos, algunas acogen a más peregrinos y otras a menos, algunas más duras de transitar y otras menos. Todas tienen en común que terminan en la catedral compostelana, donde podemos encontrar la tumba del Apóstol, que nos recuerda que en su día fue testigo directo de la predicación del Salvador.
Por mi experiencia en el Camino, aunque en los últimos años solamente lo he realizado acompañando grupos, creo que es algo que debería estar en el pensamiento de todo cristiano. No necesariamente tiene que ser el Camino de Santiago, sino cualquier peregrinación que tenga como meta algún lugar importante para la vida de nuestro Señor y el cristianismo. Hace año y medio puede estar en Tierra Santa y reconozco que fue la experiencia más impactante de mi vida. Me gustaría conocer Roma, el lugar donde el cristianismo se asentó por medio de los apóstoles Pedro y Pablo. También me gustaría conocer las rutas en torno a las actuales Grecia y Turquía, por donde San Pablo extendió el primitivo cristianismo. Igualmente me gustaría conocer Lourdes o Fátima, lugares donde la Virgen se hizo presente, al igual que Guadalupe.
Conocí el Camino en 2002, tan joven yo que me venció por ser osado e inexperto. En 2007, pude realizar, no sin dificultades la última parte. En los últimos años, he acompañado a diferentes grupos de la parroquia en la parte final, como actividad de fin de curso (los dos años anteriores solo el fin de semana, los tres años anteriores a la pandemia la semana completa, al igual que estos primeros días de julio). Siempre he querido hacerlo, mi físico y el temor me frenan, aunque me lo he dividido en etapas de alrededor de 15 kms, no puedo más y no sé si pondría con ello. Después de la experiencia que acabo de realizar, no se si por el subidón, me lo he vuelto a plantear, hoy iba a comprar algo para cenar en una tienda de comida rápida que han abierto en mi localidad y he terminado dando un paseo de hora y media, sin el mejor calzado, pero con la ilusión de esos chavales a los que he visto disfrutar estos últimos días.
Hacer el Camino, (o cualquier peregrinación) es algo que los cristianos deberíamos plantearnos en serio. Son momentos que ayudan a la reflexión espiritual, tanto caminando como permaneciendo en diferentes sitios en silencio y contemplación. Del camino siempre recuerdo la Iglesia de Portomarín (que se puede ver en la foto de abajo). Contemplarla me da paz y me ayuda a encontrarme con la presencia del Señor, sentir su compañía y su aliento. Igual que otros muchos sitios, presenciar la imponente catedral de Santiago en la noche es otro momento especial, así como otros muchos que van variando en función de las circunstancias de cada momento y cada camino. Entiendo que son muchas las motivaciones para hacer el camino, pero como cristiano, sin duda, la motivación espiritual debe ser la principal, encontrarse con uno mismo y con el Señor, que sale a caminar con cada uno, como lo hizo en su día con los discípulos que volvían tristes a Emaús, y acompaña en el camino y en la vida.

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