Mi primera conclusión tiene que ver con el tipo de peregrinación, pues por lo que he visto en internet hay dos tipos de peregrinaciones, la que se hace siguiendo los pasos de Jesús y la que se hace de modo geográfico, yendo primero a la zona norte (Galilea, Nazaret, Caná...), A mi me parece mejor la que hicimos, siguiendo los pasos de Jesús, aunque esto signifique hacer un viaje largo más, pues empezamos en el sur (Belén y Jerusalén), a mitad del viaje subimos al norte y volvemos a bajar hacia el sur, para terminar con los acontecimientos que ocurren en Jerusalén. Como cristiano, ayuda más a situarte en la vida de Jesús, comenzando por Belén y Ain Karem, para acercarse a Nazaret y los lugares donde vivió su vida pública, terminando en Jerusalén.
Lo que no se puede cambiar es los días de vuelo, pues hay que adaptarse a los horarios de los vuelos. El primer día, a la hora que llegas, ya no puedes hacer mucho más. Aprovechando que era viernes y llegábamos al anochecer nos acercamos al Muro de las Lamentaciones a ver como celebraban los judíos el shabat, no me sentí muy cómodo. Tal vez podíamos haber ido directamente a Belén y celebrar la visita, vigilia y eucaristía en el Campo de los Pastores antes de ir al hotel y la cena. Entiendo que debe ser en la noche, por lo que se celebra, llegaríamos de noche, porque allí amanece muy temprano. Después podíamos ir al hotel y aprovechar para descansar más. Es un día duro, con el trayecto en bus hasta Madrid, todo el tema del vuelo y las medidas a la llegada a Tel Aviv, a lo que hay que añadir un nuevo viaje en bus.
El segundo día me parece muy adecuado lo que hicimos, visitar por la mañana Belén y por la tarde Ain Karem, tal vez lo podríamos hacer al revés, pues los acontecimientos de Ain Karem son anteriores. Incluso podríamos haber ido directamente a Ain Karem y celebrar la primera eucaristía en la Basílica de la Visitación, pero entiendo que sea más complicado por tema de horarios.
El tercer día fue un poco más caótico, la mañana estuvo muy bien, con la renovación de las promesas bautismales en el Jordán y la eucaristía junto a la comunidad local en Jericó. A partir de aquí yo hubiese cambiado un poco. Hubiese intentado acercarme al santuario ortodoxo que hay en el Monte de las Tentaciones. Fue todo un poco rápido todo. Tras la comida nos acercaríamos al Mar Muerto y a ver los manuscritos del Qumran; lo primero lo hicimos muy rápido y lo segundo no lo pudimos hacer. Después, ya sin prisa, ir hasta Nazaret y en los dos días siguientes ver toda la zona, quitando el viaje a Haifa, que está más alejado y no es una ciudad en la vida de Jesús, sino donde vivió el profeta Elías y está el primer santuario carmelita.
Los días cuarto y quinto los haría como he visto que se van a hacer en la próxima peregrinación. Comenzaría la mañana del cuarto día visitando Caná y el Monte Tabor, que están cerca de Nazaret. Son dos lugares emblemáticos, yo haría aquí doble celebración, primero en Caná, la renovación de las promesas matrimoniales, sin eucaristía, que la haría en el Monte Tabor, donde tuvo lugar el acto de la Transfiguración. Algo así como hicimos el día de la renovación de las promesas bautismales. Por la tarde, tras la comida, visitaría Nazaret, que es la espinita que se me ha quedado, pues apenas tuvimos 20 minutos para poder visitar la basílica de la Anunciación y no pudimos ver otros lugares importantes de la localidad.
El quinto día haría toda la visita alrededor del Lago de Galilea. Nosotros la hicimos tras visitar el Monte Tabor. Quitando esas dos horas del Tabor, creo que hubiéramos podido visitar todo con más calma. Son muchos sitios, pequeños y cercanos entre sí, que visitamos casi a la carrera y con poco tiempo para interiorizar lo que pasó en ellos. Al terminar este día, hacer el viaje a Jerusalén. Como el otro viaje, los más largos en autobús los haría en el momento final del día, ya sin prisa para hacer alguna visita, pues conducir en esas zonas es muy diferente a lo que conocemos aquí y es fácil encontrarse un atasco en ciertas zonas.
En la llegada a Jerusalén, tal vez no podríamos haber visto en el museo de la ciudad la impresionante maqueta en piedra de la ciudad en el siglo I, pero creo que verla al día siguiente no hubiera supuesto una gran pérdida de tiempo. La hubiera dejado para comenzar el sexto día. Después al ser una gran ciudad, entiendo que se haga la visita de acuerdo a los lugares en los que están los sitios importantes a visitar y no se haga de modo cronológico de acuerdo a lo que nos cuentan los evangelios. También entiendo que en el Monte de los Olivos comenzásemos por arriba, en el lugar de la Ascensión y fuésemos bajando, por comodidad y evitar más cansancio.
Con todo esto, la experiencia inmejorable, de las mejores de mi vida. Espero volver en unos años, con la experiencia y el conocimiento de esta visita. El grupo en el que fuimos fue muy grande, que es positivo en muchos aspectos, pero también dificulta los movimientos y cuando se despista alguno toca esperar, pues es una zona desconocida para la mayoría y hay sitios en los que no es aconsejable entrar. Creo que un grupo rondando las 20 personas es lo ideal. Los hoteles estaban genial, pero creo que la posibilidad de quedarnos en los centros conocidos como Casa Nova, instalaciones que tienen los franciscanos sería algo mejor, por dos razones: son lugares dignos (yo no necesito tanto lujo) y están ubicadas junto a los principales lugares a visitar, lo que evitaría viajes desde el lugar donde nos hospedamos al lugar donde comenzamos nuestra peregrinación.